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jueves, 16 de septiembre de 2021

Julián Díez, Misionero en Haití: “La pobreza golpea tan fuerte que conmociona”

 Julián Díez, Misionero en Haití: “La pobreza golpea tan fuerte que conmociona”

Hace menos de un mes que Julián Díez, misionero burgalés, ha llegado a Tabarre, en Puerto Príncipe (Haití). Pocos días antes, el pasado 14 de agosto de 2021, un terremoto de magnitud 7,2 en la escala Richter sacudió el sur de la isla, provocando miles de muertos y heridos.

“Más de un millón de personas se han quedado en la calle. Este desastre natural y la suma de otros acontecimientos, como el asesinato del presidente del país o la llegada del huracán Grace, hicieron que Haití cobrara algo de protagonismo en los titulares de los medios internacionales… pero solo por unos días.

Sin embargo, el escenario en el que se mueve Haití no es nuevo. La pobreza golpea fuerte, tanto que, por mucho que te prepares, conmociona. Mucha gente no tiene nada y tú nunca tienes suficiente para ofrecer. No es correcto decirlo, pero es un país abandonado por todos… menos por Dios, pues la Iglesia católica es la que más colabora con los pobres. Rica es la tarea social y misionera realizada, con el deseo de ayudar y promocionar a los más necesitados: colegios, escuelas, centros de educación laboral, centros de asistencia sanitaria, hospitales, hogares para ancianos y niños, talleres, iglesias… y más. ¡Gracias! Porque la Iglesia católica somos todos los fieles, y no sólo los misioneros o laicos que nos encontramos dispersos por todo el planeta, y que gracias al apoyo también material, entre todos realizamos de forma regular y por amor a Jesús estas Obras Sociales. Pero también de apoyo moral y espiritual.

Mi primera labor aquí es conocer la realidad en la que vivo. Junto al anuncio del Evangelio a través de las catequesis, de las celebraciones litúrgicas y de la administración de los sacramentos, los misioneros hacemos un trabajo social, que conlleva las mejoras de condiciones de vida, de higiene, de formación profesional de las gentes, todo ello para el bien de la comunidad. Y también la formación cristiana de las comunidades para que la vida cristiana nos ayude a modificar las estructuras que generan tanta pobreza y sufrimiento y que hacen que las personas vivan en unas condiciones poco dignas. Aquí la población, más que vivir, sobrevive cada día.

En las poblaciones rurales se dan situaciones de carestía, pero en las ciudades la situación es aún más complicada. La mayor parte de la gente vive con muchas carencias y pobreza en todos los ámbitos, en casas que no tienen las condiciones mínimas de habitabilidad. Viven en condiciones indignas por la falta de espacio, la falta de agua, incluso para beber, y muchos otros factores que hacen que no se tengan las condiciones mínimas de salud.

Yo os pido que el dolor ajeno jamás nos sea indiferente, que no seamos indiferentes al sufrimiento del prójimo, porque todos somos hijos de Dios aunque vivimos en lugares distintos. La meta a la que nos sentimos llamados los cristianos por el Evangelio es a ser hermanos todos. Seamos como buenos samaritanos que acompañan y ayudan a quienes lo necesitan.

Un recuerdo agradecido por los que han trabajado y sembrado esperanza en este país: lacios, religiosas y religiosos, voluntarios y personas de bien. De modo particular, por la hermana Isabel Solá Matas, de la Congregación Jesús y María, asesinada el 3 de septiembre de 2016. “La sangre de los mártires nos compromete como cristianos”. Y, aunque el motivo de su asesinato parece ser el robo, su opción fue clara en favor de las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010, junto con el trabajo en los barrios y zonas más desfavorecidas del país. Que su sueño se haga realidad”.

Colabora para que los misioneros puedan seguir ayudando a quienes más lo necesitan.

Esta noche la misión vuelve a TRECE TV

Esta noche la misión vuelve a TRECE TV

Tras el éxito del programa de “Tú eres misión”, que ha acercado a los espectadores de TRECE la vida de los misioneros y la labor que realizan las Obras Misionales Pontificias en los 1.116 territorios de misión, este lunes la misión llega a “prime time” con “TRECE al día”. En el programa que dirige José Luis Pérez, que estrena también temporada hoy, lunes 13 de septiembre, a las 20:30h, las Obras Misionales Pontificias tendrán su espacio informativo misionero a las 21:30h.

De esta forma, todos los lunes el programa incluirá como sección “Tú eres misión” y contará con el director nacional de las Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, como colaborador e informador del mundo y de la actualidad misionera. Se traerá información sobre la labor de los misioneros, con entrevistas, directos desde la misión, pequeñas intervenciones, y también el día a día de los países en los que desarrollan su misión. Además, se presentarán las novedades de las Obras Misionales Pontificias, las campañas del DOMUND, Infancia Misionera y Vocaciones Nativas y las actividades de las delegaciones de misiones, que hacen realidad en el día a día la animación misionera.

Por otro lado, en el nuevo programa de TRECE “Iglesia al día”, que se emite a las 12:05 de lunes a viernes, tras la celebración de la Misa, las Obras Misionales Pontificias tendrán un espacio todos los jueves. Una oportunidad de destacar las noticias más importantes del mundo misionero. Con estas dos iniciativas, TRECE ha querido hacer más visible y dar a conocer la labor de la Iglesia misionera.

Conchita López, misionera en Sudán, Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica

Conchita López, misionera en Sudán, Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica

Como reconocimiento a la labor de toda una vida dedicada a los demás, la misionera comboniana, Mª Concepción López Leal, “Conchita”, ha sido distinguida en la Embajada de España en Sudán, con la Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica. Natural de Carmena, en la provincia de Toledo, la misionera lleva unida a Sudán y a Sudán del Sur, desde 1975. Allí pasó los años más duros de la guerra, y permaneció a pesar del miedo con gran valentía. Según reconocía, la fuerza la encontró en las palabras del Señor “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Como reconocía en su última visita a España, “ha sido una alegría poder trabajar todo este tiempo con los más pobres, porque verdaderamente en ellos se encuentra profundamente el Señor”.  A Él le pide “que me siga ayudando para llevar adelante su Evangelio”. Recuerda cuando en los años más duros de la guerra en Sudán, en los noventa, por diversas circunstancias, se tuvo que quedar sola en la misión de Malakal. La hermana que estaba con ella había tenido que llevar unos niños minusválidos a Jartum y no pudo regresar. Conchita en ese tiempo se prodigó para llegar a todo y a todos.

La misión comboniana en Sudán forma parte del ADN del instituto misionero, puesto que en ella murió el fundador San Daniel Comboni. Estuvieron presentes en el país hasta 1964, cuando todos los misioneros fueron expulsados del país. En aquel momento había nada menos que 104 combonianos y 154 combonianas. Cuando la guerra terminó con el pacto de Addis Abeba en 1972 volvieron de nuevo y poco a poco se reabrieron las misiones que antes se habían cerrado. Conchita es la continuadora de una historia de verdadero amor al pueblo sudanés.

En este vídeo, Conchita se despedía el año pasado antes de volver a su querido Sudán del Sur.

jueves, 26 de agosto de 2021

San José de Calasanz, el maestro que rompió moldes

San José de Calasanz, el maestro que rompió moldes

Desde pequeño, José tuvo un gran amor a Jesús. Fue un hombre muy listo que, de niño, aprendió muy pronto a leer y escribir y, de mayor, dio a muchos la oportunidad de estudiar. Por eso hoy, además de ser santo, es el patrón de los maestros y de las escuelas cristianas.

José de Calasanz creció en un pueblo de Huesca con sus padres y sus siete hermanos. No es raro que, en alguien como él, que ya en el colegio recitaba de memoria las poesías a la Virgen que le enseñaba su madre y que quería tanto a Jesús, pronto naciera el deseo de ser sacerdote. Su padre, al principio, se opuso; pero José enfermó y sólo se curó cuando al fin le dio permiso para cumplir su sueño.

Siendo un niño tan listo, al que le gustaba estudiar, tampoco es extraño que quisiera seguir aprendiendo, incluso después de ser sacerdote. José hizo un doctorado en Barcelona y luego viajó a Roma con la esperanza de obtener más títulos y regresar a España con más “prestigio”. Pero en la capital de Italia… Dios le tenía preparada una sorpresa.

En aquella época, por las calles de Roma se veían muchos niños pobres deambulando sin tener nada que hacer ni a nadie que se ocupara de ellos. José se dio cuenta de que Dios no le había hecho sacerdote para tener muchas carreras o que le consideraran alguien importante, sino para ayudar al que sufre.

Un día, visitando la parroquia de santa Dorotea en el barrio del Trastevere, se quedó muy sorprendido. Vio que el párroco no se conformaba con enseñar a los niños el Catecismo un día a la semana, sino que tenía una escuelita donde todos los días les enseñaba a leer y contar, sin cobrarles nada.

Se le ocurrió que él también podría reorganizar la asociación de difusión del Catecismo a la que pertenecía, para crear en ella una pequeña escuelita donde los niños aprendieran a querer a Jesús, pero también a estudiar. Por aquel entonces, sólo iban a la escuela las personas adineradas, por eso esta escuela sería gratuita y abierta a cualquier niño, especialmente a los pobres. La llamó “Escuela pía”, porque “pía” significaba entonces “gratuita”. Así fue como el padre José comenzó a romper moldes.

Resultó ser un maestro estupendo. Estaba convencido de que era más importante prevenir que curar, así que desarrolló un método de enseñanza “preventivo”. Enseñaba a los niños el bien y la verdad y, si alguno hacía algo malo, en lugar de castigarle, le invitaba a confesarse; sabía que el poder de la gracia de Dios era la corrección más eficaz porque cambiaba el corazón, mientras que el castigo rara vez lo conseguía.

Con el tiempo, el padre José fue creando una comunidad de maestros que querían a los niños tanto como les quería él. Pero, como los pobres no estaban solo en Roma, sino en todo el mundo, los seguidores de Calasanz se hicieron misioneros y fundaron escuelas gratuitas en muchos países.

Pronto vinieron dificultades. Algunos les acusaron de falsedades y llegaron a convencer al Papa Inocencio X de que suprimiera la “obra Calasancia”. El padre José, que ya era un anciano de 91 años, aceptó con humildad la voluntad del Papa diciendo, como el santo Job: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó”. Y alentaba a sus compañeros diciéndoles: “Dejemos obrar a Dios”.

Y Dios lo hizo realmente bien, porque al final las cosas se solucionaron y la Congregación de los Escolapios pudo continuar con su obra. El mismo Papa que casi la disuelve, envió su bendición al padre José antes de morir e inició el proceso por el que llegaría a ser declarado santo.

Calasanz y Galileo

Nuestro misionerísimo fue amigo de sabios como Galileo, el gran físico matemático –no muy bien mirado por la Iglesia en aquella época-. Cuando Calasanz supo de su ceguera, dio permiso a dos sacerdotes para servir a Galileo como secretarios personales. Así, los “calasancios” y el genio se transmitieron mutuamente el amor por el saber y el servir.

Descarga la vida de San José de Calasanz ilustrada para los más pequeños.

martes, 3 de agosto de 2021

Abiertas las inscripciones para la II edición de #CorrePorElDomund

 Abiertas las inscripciones para la II edición de #CorrePorElDomund

Por segundo año y con novedades importantes, Obras Misionales Pontificias lanza la carrera por el Domund. En formato virtual y con diferentes distancias, el usuario podrá practicar deporte mientras colabora con el trabajo que realizan los misioneros en los lugares más desfavorecidos del planeta. Este año, y como principal novedad, la organización ha contado con la ayuda de patrocinadores que han querido ligar su imagen a la del Domund. Esto permite, además, ofrecer camisetas conmemorativas para los participantes que lo deseen.

Se trata de una camiseta técnica, de un material excelente para hacer deporte y que cuenta con unidades limitadas, por lo que la organización invita a todos a inscribirse cuanto antes. Durante el proceso de inscripción, el usuario podrá elegir entre recibirla en su casa por un precio mayor o recogerla en su delegación de misiones de forma gratuita. Además, al ser una actividad para todos los públicos, también hay una camiseta para niños. Un modelo especial, con tallas pequeñas para fomentar que sea una actividad en familia. Para quienes no deseen hacerse con la camiseta, contamos con un “dorsal cero”.

Es una ocasión única para colaborar de dos formas con el Domund” – declara José María Calderón, director de las Obras Misionales Pontificias en España – “además del donativo realizado con la inscripción, cada vez que te pongas la camiseta estarás mostrando a los demás que tú apoyas al Domund, que estás con los misioneros”. Y es que la prueba, que no tiene un afán competitivo, pone también a disposición de los participantes una app para poder entrenar y competir contra el resto de usuarios. La aplicación Corre por el Domund estará disponible durante los meses de septiembre y octubre para los sistemas operativos iOS y Android.

Esta iniciativa surgió el pasado año a raíz de la pandemia de COVID19. “Lo que está claro es que estamos ante un cambio en los modelos de actuar de la sociedad, y por ello las misiones tenemos que buscar también nuevas formas de estar presentes entre las personas” – comenta Calderón.

En las próximas semanas iremos conociendo más novedades sobre la carrera como pueden ser las actividades para los colegios. Esta es una acción de sensibilización y por ello se proponen diferentes iniciativas dentro de un proyecto multidisciplinar escolar para realizar en los centros educativos.

Desde hoy las inscripciones están abiertas en correporeldomund.es y cualquiera que lo desee puede apuntarse, elegir la distancia que desea recorrer y empezar a entrenar. Será en la semana previa a la Jornada del Domund cuando comience la entrega de camisetas y la carrera por el Domund. Pero no solo se puede correr: también se puede caminar, solo o acompañado, pero siempre respetando las normas sanitarias. Lo importante es el Domund y los misioneros. Y saber que, gracias a nuestra colaboración, la Iglesia puede estar presente y hacer una gran labor social en gran parte del mundo.