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sábado, 27 de febrero de 2021

127 trabajadores y voluntarios participan en el encuentro anual de las OMP

 127 trabajadores y voluntarios participan en el encuentro anual de las OMP

Hoy ha comenzado la 17º edición del Encuentro de Empleados y Voluntarios de Obras Misionales Pontificias, que en esta ocasión tendrá lugar de forma virtual, centrado en la reflexión sobre una de las cuatro Obras, la Pontificia Unión Misional. Este encuentro anual, organizado por Obras Misionales Pontificias y la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal, ofrece un espacio de encuentro y formación para todos aquellos que trabajan en las delegaciones de misiones, y en la dirección nacional de OMP, en la retaguardia de los misioneros. 127 inscritos están disfrutando vía zoom de estas jornadas que tienen lugar hoy y mañana.

En los últimos años, este encuentro ha hecho un repaso en cada edición de cada una de las Obras Misionales Pontificias. Faltaba la Pontificia Unión Misionera (PUM), y por eso las Jornadas de este año se centrarán en ella. Esta Obra Pontificia es sin duda la más desconocida, al no tener jornada propia, pero es la que ofrece formación misionera al pueblo de Dios y actúa de impulso de las otras tres Obras (Propagación de la Fe –Domund-, Infancia Misionera y San Pedro Apóstol –Vocaciones Nativas-). De hecho, el Papa Juan Pablo II le nombró como el “alma” de las OMP.

El encuentro ha comenzado con una oración y las palabras de bienvenida de monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Tudela y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias. Monseñor Francisco Pérez ha agradecido la presencia virtual de todos los asistentes, y les ha ofrecido un cariñoso saludo de parte del Papa Francisco. El prelado ha contado la historia de Teresita -una niña de Madrid de 7 años que tiene cáncer- que ha pedido ser misionera. Asimismo ha pedido por los fallecidos en la pandemia, y por los misioneros que están “al pie del cañón”. Por último, ha afirmado que Cristo, el verdadero misionero, está presente en este encuentro.

Por su parte, José María Calderón, director nacional de OMP, ha dado la bienvenida y ha agradecido el trabajo de todos en este año tan complicado, porque gracias al trabajo de todas las diócesis se ha podido sacar adelante las campañas e iniciativas misioneras de todo el año, desde que en marzo comenzó la pandemia. Posteriormente ha pasado a explicar el programa de las jornadas, centradas en la Pontificia Unión Misional. El director de OMP, ha subrayado que aunque esta obra es la menos conocida, no por ello es la menos importante, porque fomenta la oración, la ofrenda y la formación.

 

Sólo un clero misionero puede animar misionalmente todo el Pueblo de Dios

La conferencia inaugural de las XVII Jornadas de Empelados y Voluntarios de OMP ha corrido a cargo de Fernando García Rodríguez, sx, superior general de los Misioneros Javerianos, con el título “Francisco y el espíritu de la PUM”. Desde la casa general de la congregación en Roma, ha hecho un repaso histórico de esta Obra –cuyo nombre original fue “Unión Misional del Clero”-. Fundada por el beato Pablo Manna en 1916, nació para impulsar el espíritu misionero de los sacerdotes, porque “estaba convencido que sólo un clero misionero podía animar misionalmente todo el pueblo de Dios”. El primer presidente de la Obra, tal como ha explicado Fernando García, fue Mons. Guido M. Conforti, Obispo de Parma y fundador del Instituto de los Misioneros Javerianos.

El superior general de esta misma congregación ha mostrado cómo esta iniciativa particular fue asumida en 1937 como una de las Obras Misionales Pontificias, y en 1956, por voluntad del Papa Pio XII, pasa a llamarse “Pontificia Unión Misional”, con la que es conocida actualmente. Según ha mostrado el javeriano Fernando García, en la carta apostólica Graves et increscentes, el Papa Pablo VI establece los objetivos de esta Obra: formar e instruir a los sacerdotes en la tarea misionera de la Iglesia, sostener las vocaciones misioneras, promover la recogida de ayuda económica para los misioneros y la educación misionera del pueblo de Dios.

Tras hacer un repaso por el magisterio pontificio sobre la PUM, Fernando García ha puesto el foco en el mensaje que el Papa Francisco dirigió a la Asamblea General de OMP el pasado mes de mayo. En él, el Papa recordaba que el protagonista de la misión es el Espíritu Santo, y que la misión nace de un corazón enamorado que se ha encontrado con Cristo.  Asimismo, Francisco invitaba a la urgencia de la renovación de OMP, para evitar toda tentación de auto referencialidad y funcionalismo. Según ha explicado el superior general de los javerianos, el Papa pidió en ese mensaje a las OMP volver a los orígenes y encontrar formas nuevas y creativas para desarrollar el carisma -fundado en el binomio oración-cooperación-, e insertarse más en las parroquias e iglesias locales.

Y por supuesto, según ha subrayado el javeriano, uno de los puntos esenciales defendidos por el Papa es que la misión no se reduzca a la ayuda a los pobres exclusivamente. “Que nadie ni nada nos quite la alegría e urgencia de anunciar y testimoniar el amor de Dios manifestado en Jesucristo, a través de la acción del Espíritu Santo”, ha concluido Fernando García. Tras sus palabras ha tenido lugar un debate, en el que se ha puesto de manifiesto la importancia de la oración en un doble sentido: por un lado como relación personal con Cristo sin el que la misión no tiene sentido, y por otro lado como acompañamiento de los misioneros y de las comunidades jóvenes.

Al final de la mañana, se ha explicado qué es el Fondo de Nuevo Evangelización de la Conferencia Episcopal Española, que desde hace unos meses ha dejado de pertenecer a la Secretaría General del episcopado y ha pasado a formar parte de la Comisión Episcopal de Misiones. Y por ello, su director, Juan Martínez, ha querido explicar su identidad y procesos ante trabajadores de las delegaciones, que a partir de ahora tendrán relación directa. Según ha explicado, este Fondo nació en 1997 como una iniciativa generosa de los obispos para sostener proyectos pastorales en las iglesias más pobres. En 2020 se sostuvieron desde este Fondo 219 proyectos pastorales, y esperan seguir ayudando con la ayuda, desde ahora, de las delegaciones de misiones de las diócesis.

lunes, 22 de febrero de 2021

Via Crucis Misionero, por P. José María Calderón

Via Crucis Misionero, por P. José María CalderónVía Crucis Misionero, por el director nacional de OMP España, P. José María Calderón

Introducción

                Jesús, este año vamos a estar más que nunca unidos a tu pasión… El silencio de las calles de Jerusalén, el silencio del Gólgota, el silencio de los que te amaban… es el silencio de este Viernes Santo en las calles de nuestras ciudades y pueblos, en este tiempo de dolor y sufrimiento en España y en el mundo entero.

                  Es el silencio que queremos romper con nuestra oración, acompañándote en este Vía Crucis, en el que, este año como ningún otro, vamos a unirnos a tantos hombres y mujeres que, en multitud de lugares de la tierra, viven un vía crucis diario, y nadie les hace caso.

                  Que tu Madre, María, Reina de las Misiones, nos acompañe en este viaje, para que el dolor tenga la compensación de su amor.

1.ª Estación: Jesús sentenciado a muerte

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, quién iba a pensar que Tú, el aclamado hace unos días como Mesías y Señor, serías condenado a morir… Quien iba a pensar que, en tantas partes del mundo, los que te aman sean condenados a la marginación, al desprecio, ¡a la prisión!, y solo por amarte, por servirte, por hablar de Ti y de tu amor.

                  Jesús, quiero mirarte con compasión en estos momentos. Ayúdame a tener presentes en mi oración a todos los que son perseguidos por causa de su fe.                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

2.ª Estación: Jesús cargado con la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.                  Jesús, ¿era esta la cruz de la que hablabas cuando decías que para seguirte debemos tomar nuestra cruz de cada día? Permíteme que yo coja la mía con ánimo y fortaleza, y que me una, al menos con el afecto, a los hombres y mujeres que tienen que llevar la cruz de la enfermedad, de la soledad, del dolor.

                  Jesús, quiero acompañarte en tu Vía Crucis. Ayúdame a no olvidarme en mi oración de los que contigo sufren y llevan una pesada cruz en tantos lugares de la tierra.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

3.ª Estación: Jesús cae por primera vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, verte tirado en el suelo, me duele. ¿Tanto te costamos los hombres? Quiero estar contigo en todos los misioneros que en el mundo entero están viendo caer, por fragilidad, por la dureza de la vida, a quienes quieren vivir con dignidad.

                  Jesús, quiero cogerte de la mano y besártela. Ayúdame a no pasar de largo ante quienes, junto a mí, se sienten débiles y necesitados.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

4.ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, qué consuelo tener a María cerca, y qué dolor para su corazón contemplarte así. Ayúdame a invocar a María cada vez que siento en mi interior el zarpazo de mi pobreza, y a pedir su ayuda con confianza para quienes necesitan su consuelo y mirada.

                  Jesús, quiero estar junto a María en estos momentos, y quiero ser capaz de acercar a su amor maternal a quienes se sienten abandonados y no amados en tantas partes del planeta.

                 Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

5.ª Estación: El Cirineo ayuda a llevar la cruz a Jesús

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, cuánto debiste agradecer la ayuda de un hombre que no te conocía, pero del que, desde ese momento, fuiste su Salvador. Que nunca desprecie la ayuda de quienes me quieren bien, y que los que te amamos sintamos la urgencia de ayudar a quienes más te necesitan.

                  Jesús, quiero ser tu cirineo y ayudarte a llevar el peso de los pecados y sufrimientos de los hombres. Por eso te pido que mire a los misioneros que están entregando su vida, para aprender a tomar la cruz de quienes has puesto junto a mí.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

6.ª Estación: La Verónica enjuga el rostro del Señor

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, cuánto valen los gestos de amor en los momentos de dolor; cuánto te alivió que la Verónica te quitara el sudor y la sangre de tu rostro. No me dejes olvidar que el mundo necesita pequeños gestos hechos con un amor grande, y que esto lo viva así en mi lucha por ser como Tú.

                  Jesús, ojalá sea valiente para salir a tu encuentro cuando no se te trata bien. Que sea capaz de ponerme al lado de quienes se parecen más a Ti por el dolor y el abandono, y acompañarles en su sufrimiento.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

7.ª Estación: Jesús cae por segunda vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                 Jesús, verte así me hace pensar cuánto me tienes que querer, y nace en mi corazón un gran deseo de darte las gracias por tu entrega. No permitas que me acostumbre a mis caídas y a perder la esperanza cuando me parece que no avanzo.

                  Jesús, me arrodillo y te adoro. Contemplarte así me hace caer en la cuenta del daño que te he hecho en tantas ocasiones. Pon en mi corazón la misericordia que necesito para quienes caen y a los que tengo siempre la libertad interior de juzgar y condenar por su caída.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

8.ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, qué deseo de entrega… Tú, tan necesitado, y te paras a atender a quienes están necesitadas de consuelo y amor. Que mi dolor no me impida ver el dolor de los que tengo cerca… ni el de los que están lejos.

                  Jesús, quisiera oír tus palabras de consuelo y ánimo para mi corazón roto. Cuando me sienta necesitado y pobre, pon ante mí alguien más necesitado y pobre que yo, para que, como Tú, no me encierre en mi dolor.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

9.ª Estación: Jesús cae por tercera vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, y ¡yo me quejo! Tú te levantas cada vez para mostrarme que el mal no tiene la última palabra y que la fuerza del amor está por encima del poder del pecado. Quiero, Señor, ser capaz de perdonarme cuando caigo, como me perdonas Tú. Quiero, Señor, mirar con afecto a quien cae e intenta cada vez levantarse.

                  Jesús, se me rompen las entrañas viéndote así, pero doy gracias a Dios por poder vivir tu entrega junto a Ti. Que los evangelizadores que se sienten decaídos y desanimados te miren, y se levanten con ilusión por lo que les queda por andar.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

10.ª Estación: Jesús despojado de sus vestiduras

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, se te abren de nuevo todas las heridas y muestras tu cuerpo desnudo y destrozado. Que mi suciedad no me impida querer acercarme a Ti con sencillez, pero con sinceridad, para que veas mi pecado y me deje limpiar por tu amor.

                  Jesús, permíteme que me quede con tus vestiduras para acordarme siempre de lo que fuiste capaz de hacer por mí. Y ayúdame a cubrir con la capa de mi caridad la desnudez de mis hermanos cristianos que muestran sus heridas y pobrezas.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

11.ª Estación: Jesús clavado en la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, el silencio de la tarde se rompe con los martillazos que te cosen al madero. Dame lágrimas que muestren mi vergüenza por no haber sabido quererte en tantas ocasiones, por no haber vivido con santidad mi vida cristiana.

                  Jesús, beso con humildad tus heridas en manos y pies. Déjame que bese también las heridas de tus hijos, mis hermanos, que tienen en su cuerpo las llagas de su fidelidad al Evangelio.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

12.ª Estación: Jesús muere en la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, oír que tienes sed me hace prometerte que yo te saciaré esa sed que tienes de amor, esa sed que tienes de almas.

                  Jesús, no permitas que te deje solo, no permitas que me aleje de Ti. Y danos a los creyentes un gran deseo de acercarte a aquellos que se han apartado de Ti o que ni siquiera te conocieron. ¡Quiero saciar tu sed de nuestra sed de Ti!

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

13.ª Estación: Jesús es puesto en brazos de su Madre

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús…, como en Belén, María, y Tú en sus brazos. Entonces… ¡cuánta alegría! Y ahora… ¡cuánto dolor! Pídele a Ella que abrace con afecto a los hijos suyos que más necesitados estamos de su calor.

                  Jesús, yo no me atrevo a acercarme; son momentos de intimidad para tu Madre. Pero no quiero perderme un instante de esta escena: quiero que se me grabe a fuego en el alma que a quien ha muerto por el pecado, por el abandono, no se le puede dejar solo.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

14.ª Estación: Jesús es enterrado

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

                  Jesús, ni lugar propio tienes para ser enterrado. Jesús, con cuánto cariño te preparan un sitio donde descanse tu cuerpo, ya sin vida. Que mi corazón, como ese sepulcro, sea capaz de recibirte y puedas encontrar en él tu descanso.

Jesús, ahora sí que es el momento del silencio. No hay palabras; las que dijera podrían parecer necias. Pero lo que sí hay es un gran deseo de llenar de esperanza los corazones y las almas de quienes se sienten tristes y abatidos.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.

Oración final

                  ¡Qué largo se me ha hecho este camino! Y yo solo era un espectador… Jesús, que no me canse nunca de amar como Tú amas. Que no me arrepienta nunca de haber abrazado la cruz por amor a Ti y a mis hermanos. Que no consienta que la tibieza, el conformismo, la dejadez me impidan desear ser algo más, ser tu apóstol, ser tu instrumento de compasión y caridad.

                  Pídele a María que, cuando vea que flaqueo, que pretendo alejarme de la cruz, me agarre fuerte de la mano, como hizo con tu apóstol Juan, para que no abandone. Y que yo, también, agarre la mano del que es más débil para que se encuentre contigo en la Cruz.

Nuncio apostólico en Sudán: “Las ayudas de OMP son para nosotros el oxígeno para respirar”

 Nuncio apostólico en Sudán: “Las ayudas de OMP son para nosotros el oxígeno para respirar”Luis Miguel Muñoz Cárdaba, nuncio en Sudán, fue entrevistado por José María Calderón, director de las Obras Misionales Pontificias, en el programa “Tú eres misión” de TRECE, una entrevista que reproducimos a continuación. En ella el representante del Papa y la Santa Sede en Sudán se reconoció a sí mismo como misionero, y destacó la necesidad del trabajo de los misioneros en un país mayoritariamente musulmán, cuatro veces más grande que España, en el que la Iglesia local no tiene reconocida la personalidad jurídica. El nuncio agradeció las ayudas de Obras Misionales Pontificias, que les dan oxígeno para continuar su misión, y que además de apoyar proyectos, hacen posible que los misioneros puedan comer.¿Qué es lo primero que vio en Sudán? ¿Ya había estado en África? Es mi primera experiencia africana, en destinos anteriores había estado en los cuatro continentes. Me faltaba África, y finalmente estoy aquí. Lo que primero me sorprendió es la pobreza y la suciedad que hay en las calles y en todas partes. Pero después, en un segundo momento, llama la atención la bondad, la dulzura, la sonrisa de la gente; incluso con tantos problemas y carencias que tienen siempre sonríen siempre son afables y sin prejuicios. Yo voy a veces por la calle con la cruz como obispo entre la gente, y todos saludan y todos sonríen sin ninguna dificultad. Son muy acogedores.¿Cuál es la función de un nuncio en un país de misión? Un nuncio en la misión es como los curas de pueblo, que tenemos que hacer de todo. En general, la misión del nuncio es doble. Por una parte es representante del Santo Padre ante los obispos del lugar: es un instrumento de comunión entre Roma y las Iglesias locales. Y por otro lado, está la misión diplomática, representar a la Santa Sede ante los gobiernos entre los que estamos acreditados. Aquí es sobre todo la defensa de los grandes valores de la humanidad: la libertad religiosa, los derechos humanos, trabajar por la paz, el progreso… Esas son las grandes causas de la humanidad.Sudán es un país musulmán, y los cristianos son minoría. ¿Las autoridades reconocen su papel? Sí, Sudan es un país mayoritariamente musulmán. Como sabéis, desde 2011 se dividió el país: el Sur, que era más cristiano y animista, se separó del Norte mayoritariamente musulmán. Y quedó aquí una minoría cristiana: los católicos más o menos pueden llegar a 1.100.000, que ocupan las franjas más humildes de la sociedad. Muchos de ellos son inmigrantes refugiados de Eritrea, de Sudán del Sur… Los gobiernos reconocen a la Santa Sede, hace muchos años estuvo Juan Pablo II visitando Sudan, tuvo una misa Jartum, y sí que reconocen la misión de la Santa Sede. Es más difícil el tema de la Iglesia local, porque no tiene reconocimiento legal. La Iglesia católica en Sudán todavía no está reconocida, no goza de personalidad jurídica. Yo digo siempre que estamos como el dicho español “te quiero más que ayer pero menos que mañana”. Hoy la situación es mejor. Como sabéis, hace 2 años hubo un movimiento, una especie de revolución cívica que puso fin a un régimen militar islamista que duró 30 años, que dificultó mucho la vida y la existencia de la Iglesia y de los cristianos. Actualmente es un periodo político de transición mucho más abierto, mucho más libre. Pero todavía esperamos que pronto -¡ojalá!- la Iglesia local pueda ser reconocida y gozar de persona jurídica. Esto ayudaría mucho a los misioneros con el visado, las propiedades de la Iglesia y muchos otros elementos.¿Qué hacen los misioneros en un país como Sudán? Tenemos constancia de que hay dos misioneros españoles… Somos cuatro: yo me incluyo entre los misioneros. Hay una hermana -la más veterana-, que es una religiosa comboniana de Toledo de mi diócesis. También está el padre Jorge, un misionero comboniano de Madrid, que es el rector superior del Comboni College, que es un centro de estudios superiores, que está abriendo nuevas facultades para crear una universidad de inspiración cristiana católica. También hay una misionera del Camino Neocatecumenal de Valencia, María José. Y yo, somos cuatro. Hay misioneros también de otros países: italianos… Este es el país de los combonianos, aquí vivió, trabajó, evangelizó y murió San Daniel Comboni; la Iglesia en tiempos modernos nació con los combonianos, y por ello su presencia ha sido siempre muy fuerte, aunque ahora el relevo está pasando al clero local. Hay misioneros italianos ya mayores, van llegando también misioneros de otros países como India, Filipinas y otros países africanos.¿Cuál es la labor de los misioneros? ¿Sigue siendo necesario que haya jóvenes que se planteen la vocación misionera allí? La Iglesia en Sudan es una Iglesia joven, muy joven. Necesita sin duda la ayuda fraterna, la experiencia de los institutos religiosos misioneros. Además, no hay muchas vocaciones. A diferencia con Sudán del Sur -allí sí que tienen bastantes vocaciones-, en el norte, en concreto Jartum, son muy escasas; hay clero local pero es todavía insuficiente. La labor de los misioneros, al igual que la del clero local, es por un lado la atención pastoral para los católicos: muchos emigrantes y muchos refugiados. Esta es una labor que es más invisible y menos reconocida por la sociedad sudanesa, la atención pastoral y espiritual. No olvidemos que es un país musulmán, que hasta hace poco estaba prohibida la evangelización y cualquier expresión pública cristiana. Actualmente hay más libertad. Por otro lado, otra misión importante de los misioneros, y la más conocida por ellos y más apreciada, es la educación y la sanidad. Los misioneros y religiosas -los combonianos, los salesianos-, tienen centros de estudios, escuelas, centros técnicos, etc., que gozan de gran prestigio. En ellos se educan estudiantes, en su mayoría son musulmanes, aunque hay algunos católicos. Se educa en valores y son muy apreciados por la sociedad, incluso por los gobiernos locales.¿Qué significan para un nuncio en territorio de misión las Obras Misionales Pontificias? Aquí las Obras Misionales Pontificias son el oxígeno para respirar. La Iglesia local es pobre, los católicos, aunque son relativamente numerosos -más de un millón-, son muy pobres y la Iglesia no es autosuficiente en absoluto, para nada. El dinero que llega de las Obras Misionales Pontificias y de otras realidades y organismos internacionales o instituciones católicas privadas, son el oxígeno para poder seguir adelante. No solo para organizar proyectos, sino también para que los misioneros y sacerdotes puedan comer. Es decir, la Iglesia es muy pobre y depende totalmente de las ayudas del exterior, y agradezco de corazón la ayuda de las Obras Misionales Pontificias. En concreto de España, agradezco la gran generosidad de nuestra gente en estos tiempos difíciles de coronavirus, que renunciando un poquito de lo propio pueden colaborar para hacer mucho bien en los países de misión -en concreto estoy hablando de Sudán-, donde las pequeñas ayudas de Europa aquí se multiplican y hacen un bien extraordinario.¿Cómo es la Iglesia en Sudán (del norte)? Sudán tiene solamente dos diócesis. El territorio sudanés es cuatro veces España: dos diócesis y una región pastoral. Hay un cardenal emérito y cuatro obispos en activo. En cuanto a seminaristas, Jartum tiene muy pocos, 1 o 2; en las diócesis del Sur hay un poquito más. Todavía es insuficiente, y por eso es necesaria la presencia de los misioneros. Hay más vocaciones en Sudan del Sur, que es mayoritariamente cristiano y animista. Los seminaristas, antes de la división del país, estudiaban y se formaban en la capital, en Jartum, en el antiguo gran seminario mayor. Desde la división en 2011, los seminaristas mayores van a Juba -que es la capital de Sudán del Sur- y allí se forman. En Jartum hay un pre seminario para un año de discernimiento, antes de que los muchachos pasen a Sudán del Sur al seminario mayor.¿Cómo es la realidad de COVID-19 allí? Aquí casi no es visible. Aunque hay cifras oficiales de contagios y hay fallecidos -es difícil el cómputo cuando la mayoría de la población vive en aldeas dispersas-; sin embargo, incluso aquí en la gran ciudad la vida es normal. Poquísimas personas llevan mascarillas. La Iglesia hace un esfuerzo, los sacerdotes en las celebraciones usan mascarilla para protegerse, pero no hay conciencia. No hay demasiados casos aparentemente, hay pocos fallecimientos que se sepa y está la mentalidad de la gente de que esto es una enfermedad de blancos. Aquí hace mucho calor, y hay que decir que aquí hay muchas enfermedades como la malaria; y también la actual situación económica, que es durísima.¿Cree importante la iniciativa que tuvo el Papa el año pasado de que los futuros diplomáticos pasen un año de su formación en un territorio de misión? Me parece que puede beneficiar, sin duda. Es una intuición que todavía no ha podido llevarse a cabo a causa de la pandemia global. Sí creo que es importante y puede ser muy positivo. Yo creo que la idea de Santo Padre es acentuar la dimensión pastoral de los nuncios. Y también, y por qué no decirlo, la escuela diplomática también es un tiempo de discernimiento para estos jóvenes, para ver si pueden hacer este servicio el futuro. Es bueno darse cuenta de que la mayor parte de su vida futura como diplomáticos de la Santa Sede la van a pasar en países del Tercer Mundo, en países humildes y pobres, muy cerca de los misioneros y de las comunidades autóctonas; lo cual es también como un entrenamiento para el futuro.

jueves, 18 de febrero de 2021

Vivir la Cuaresma

Vivir la Cuaresma

Hoy, Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma, un tiempo para creer, un tiempo para esperar, un tiempo para amar, dice el Papa en su Mensaje para este periodo que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

Partiendo de la cita evangélica «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20, 18), con el que Jesús anuncia “a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre”, y “les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo”, el Papa Francisco ha querido en su mensaje de este año centrarse en las tres virtudes teologales. “Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad”, lleva como título el mensaje. “El itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo”, y, continúa el Papa, “el ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación, son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”.

La primera virtud teologal, la fe, “nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas”. Una Verdad que “es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida”. De ahí que “el ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento”.

La esperanza es, explica el Papa Francisco recordando la escena evangélica de la samaritana, como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino. Y es que “el tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos”. Es en el recogimiento y el silencio de la oración, donde “se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión”.

“La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza”, dice el Papa sobre la tercera virtud teologal. Quien vive la caridad se alegra de ver que el otro crece y sufre, “cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad…”. Por eso, vivir una Cuaresma de caridad en el momento actual es “cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19”. Concluye el Papa Francisco su mensaje recordando que “cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre”.


Escucha la reflexión de hoy, Miércoles de Ceniza, del padre José María Calderón, director de OMP España:

Conoce “Enfermos Misioneros”

 Conoce “Enfermos Misioneros”El “Tríptico de Enfermos”, es una publicación de las Obras Misionales Pontificias de España, que reciben 30.000 enfermos aproximadamente en España directamente en sus casas o a través de sus parroquias. La publicación es bimensual, y acompaña a los enfermos en su ofrecimiento de la enfermedad por las Misiones.Detrás está la Unión de Enfermos Misioneros, una iniciativa nacida en 1928 del espíritu misionero de Margarita Godet. Esta mujer, francesa como los fundadores de las Obras Misionales, quería ser una apóstol misionera pero estaba inmovilizada por la enfermedad. Se ofreció como “enferma misionera” al seminario de Misiones Extranjeras de París, que tantos misioneros enviaba al mundo, y así, tan callada y humildemente, nació la Unión de Enfermos Misioneros. A España llegó de la mano de Ignacio Villanueva, un sacerdote también enfermo y que no pudo partir para misiones. La Unión de Enfermos Misioneros fue acogida por las Obras Misionales Pontificias y, poco a poco, se fue desarrollando gracias a labor de las religiosas en los hospitales y a la publicación “Misión y Sufrimiento” – antecedente del actual “Tríptico de Enfermos”, que en su momento, en los años 50, quizás era la más importante publicación de las Obras Misionales Pontificias en España.Cualquier enfermo puede unirse en la oración y el ofrecimiento a la labor evangelizadora de la Iglesia. Es lo que decía de manera cercana y maravillosa el Papa Francisco a los enfermos de la Parroquia Romana de San José en el Aurelio el 14 de diciembre de 2014: “Os agradezco el testimonio que dais, el testimonio de paciencia, de amor de Dios, de esperanza en el Señor: esto hace tanto bien a la Iglesia. Vosotros ‘regáis’ continuamente a la Iglesia con vuestra vida, con vuestros sufrimientos, con vuestra paciencia. Muchas gracias, os lo agradezco de veras. La Iglesia sin los enfermos no podría seguir adelante. Vosotros sois la fuerza en la Iglesia, vosotros sois la verdadera fuerza”.Además, el “Tríptico de Enfermos” tuvo como colaborador nada menos que a un santo: el Beato Manuel Lozano Garrido, el conocido como “Beato Lolo”, escritor, periodista y enfermo, colaboró desde 1959 a 1968. El “Beato Lolo” afrontó de manera excepcional, desde su vivencia cristiana, la dolorosa enfermedad que padecía y que le había reducido desde muy joven a una silla de rueda. Además desde su experiencia y cualidades como periodista, fue uno de los destacados inspiradores del espíritu que anima a los “Enfermos Misioneros”, una encarnación de dicho espíritu.