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lunes, 4 de marzo de 2024

Carlota Valenzuela, joven influencer:


 “La oración cambió mi vida”

  • On 4 de marzo de 2024
Carlota Valenzuela, joven que ha peregrinado de Finisterre a Jerusalén

Carlota Valenzuela, una joven granadina influencer conocida por peregrinar a pie de Finisterre a Jerusalén, compartió con los trabajadores y voluntarios de Obras Misionales Pontificias (OMP) su experiencia con la oración. Según explicó, la oración está en el origen de su cambio de vida y es la brújula que le orienta cada día. Y es también el denominador común de todos los misioneros a los que ha entrevistado en el proyecto en el que colabora, “Hagan lío”. Y, por ello, defendió la importancia de crear una rutina diaria.

Carlota nació en Granada y pasó una infancia muy feliz. Ya de joven se trasladó a Madrid, donde alcanzó todo que había deseado: estudió un máster, tenía un buen trabajo, un piso en el centro… Y sin embargo, no era suficiente. “En el fondo de mi corazón había una frustración, la sensación de que tenía que haber algo más”. Y por eso, tomó la determinación de hacer silencio y rezar con más intensidad, con una búsqueda sincera y honesta. “Fue la primera vez en mi vida en la que yo empecé a hacer una rutina de oración seria, no dependía de cómo me despertaba cada mañana, haciendo esta pregunta cada día: ¿Señor, qué quieres de mí?”.

Así fue como, dentro de ella, comenzó a surgir un deseo profundo de peregrinar a Jerusalén a pie desde Finisterre. Aventura que emprendió en 2022, que le llevó a un viaje de once meses de recorrido a pie por España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Albania, Grecia, Chipre e Israel, que le hicieron conocer la belleza de la Iglesia y la fuerza de la Providencia. Ya en Israel, tuvo que adelantar su regreso a casa porque su abuela estaba enferma. “Entendí perfectamente que ese era mi Jerusalén, que todo lo que no había sentido en el Santo Sepulcro era ahí [con mi abuela] donde lo tenía que sentir, era ahí donde el Señor me estaba esperando”.

Esta experiencia, que nació de la oración, le cambió por completo. Carlota dejó su trabajo para dedicarse a la evangelización en las redes sociales. En ese momento, el director de cine Juan Manuel Cotelo contactó con ella para el proyecto Hagan Lío, y con él ha recorrido el mundo documentando historias de personas que han dicho Sí al Señor. “Una cosa que me ha impactado muchísimo de estas personas es que cuando les preguntamos de dónde nace su misión, todos sin excepción, tienen la misma respuesta: de la oración”, explicó. “Si no viniese de la oración, solo sería activismo”.

Rutina de oración

Este aprendizaje de los misioneros le ayuda a ella en sus redes sociales. “Si no nos estamos nutriendo de una relación personal con Aquel que nos ama, nada de nuestro trabajo o misión tiene sentido”, explicó. “Cuando uno ve a alguien que no reza, se nota, se huele”. Y por eso, merece la pena dedicarle tiempo, establecer una rutina seria y pelear contra nuestras miserias.

Carlota compartió con los trabajadores y voluntarios de OMP su manera de hacer oración. En su caso, reza por las mañanas, recién levantada. Dedica media hora en silencio a la oración, y después reza Laudes y hace las preces del salterio y las personales. Después lee el Evangelio del día, pensando qué va a contar en Instagram. “Aquí tengo que rectificar la intención constantemente porque no es lo que yo voy a predicar, es lo que Dios tiene para decirme hoy en su Palabra”. Y termina con oración escrita. “Yo ‘beso’ ese ratito de una hora por las mañanas, porque no me roba tiempo de otras cosas; al revés, le da sentido a todo”. Y ese rato, cambia la forma de vivir el día. “Me voy dando cuenta de que mi día se va espolvoreando de oración espontánea, voy caminando por la calle y me veo en una disposición más contemplativa”. Y esa es su intención. “Mi meta es que esto se vaya convirtiendo en algo que impregne cada minuto de mi vida”.

Puedes ver la intervención de Carlota Valenzuela en el XXI Encuentro de Empelados y Voluntarios de OMP aquí. 

P. Matías Gómez, misionero:

 


 “Caminar por Honduras es arriesgar la vida”

  • On 1 de marzo de 2024

Este domingo es la Jornada de Hispanoamérica, el día en el que se celebra la especial vinculación misionera que une las Iglesias de América y España. Con el lema “Arriesgan su vida por el Evangelio” esta jornada recuerda a todos los misioneros allí, especialmente a los sacerdotes diocesanos de la OCSHA. Esta Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanomaericana este año cumple su 75 aniversario. Son sacerdote misioneros como Matías Gómez, que arriesga su vida por el Evangelio en San Pedro Sula, Honduras, uno de los lugares más violentos del mundo.

“La violencia está por todos lados, es raro el día en el que las noticias no dicen que han asesinado a una familia, a alguien que iba por la calle…”, explica Matías, que llegó a San Pedro Sula hace 18 años. Según señala, en la raíz de la violencia está la pobreza extrema, la droga, la desestructuración familiar, la extorsión… Es un caldo de cultivo para las maras y las caravanas de emigrantes. “Lo peor es que todo queda en la impunidad”.

La semana que viene irá a confesar a una zona extremadamente violenta. “Cuando uno pasa por esas zonas tiene que encender las luces del coche, esa es una señal de que la persona que camina es del lugar”. Además, tiene que bajar las ventanillas del coche para que los muchachos que vigilan las calles puedan reconocerle cuando circula. “Cuando uno pasa por estos lugares, sabe que se está exponiendo”.

El padre Matías no quiere quedarse de brazos cruzados, quiere ser parte de la solución. Y por eso entrega la vida para anunciar a Cristo. “El Evangelio aporta esperanza, es la alternativa a todo esto”, cuenta el misionero. Y por ello, evangeliza en todos los poblados, con bastante precariedad dada la falta de sacerdotes. Además de toda la labor pastoral, la diócesis lleva adelante el Hogar San Rafael, creado por un misionero alemán para acoger a niños abandonados, carne de cañón para las maras. “Muchos niños viven de pequeños en abandono, tienen que buscar la vida como pueden. Las maras les ofrecen lo que en su casa no les han dado, incluso cariño, y la posibilidad de estudiar. Todo esto se lo van cobrando poco a poco después”, dice. Por suerte, gracias al Hogar hay niños que se están librando: “Llevamos niños en total abandono y hoy son hombres de bien que están haciendo una vida normal, como cualquier otra persona.”

El misionero murciano reconoce que no es fácil. “Mentiría si dijera que no tengo miedo”, añade. “A veces decimos cosas que a los de alrededor no les cae bien, pero no por eso voy a dejar de evangelizar”. De hecho, reconoce que tiene en mente a San Óscar Romero, que fue asesinado mientras celebraba la Misa. “Muchas veces pienso: ¿será este el momento? Es algo que tengo muy grabado”. Sin embargo, no se queda paralizado: “Si le metes miedo a todo esto no avanzamos, hay que dejar el miedo al lado y seguir avanzando”. “Animaría a todos a que no tengan miedo de arriesgar la vida por el Evangelio, es lo más grande y hermoso que podemos hacer”. Asimismo, anima a los sacerdotes diocesanos de España a dar el salto a la misión.

El sacerdote Matías Gómez encarna el lema de la Jornada de Hispanoamérica de este domingo, “Arriesgan su vida por el Evangelio”. Una Jornada organizada por la Conferencia Episcopal Española (CEE) para recordar a los sacerdotes, religiosas y religiosos, consagrados y laicos misioneros en Latinoamérica (el 66,7% de los misioneros españoles están allí), pero en especial a los pertenecientes a la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana), que este año cumple su 75 aniversario. La Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación con las Iglesias ha elaborado una carpeta con información documental para este Día de Hispanoamérica. Este domingo, las colectas de las Misas se destinarán a ayudar a los sacerdotes de la OCSHA (el año pasado, los españoles colaboraron con 59.657,49€).

“Casi 6.000 misioneros españoles están trabajando en Hispanoamérica, y a veces en situaciones muy complicadas”, explica José María Calderón, director de Obras Misionales Pontificias, y secretario de la Comisión para las Misiones y Cooperación entre las Iglesias. “Todos ellos gastan y desgastan su vida por ayudar al prójimo para que se encuentre con Cristo”, añade. “No te olvides de rezar por ellos, para que el Señor les ayude”.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Vía Crucis misionero,

 

por P. José María Calderón, director de OMP España

  • On 27 de febrero de 2024

Introducción

Jesús, un año más queremos estar unidos a Ti y a tu Pasión. El silencio de las calles de Jerusalén, el silencio del Gólgota, el silencio de los que te amaban, es también hoy el silencio de tanta gente que sufre por causa de la enfermedad, de la guerra, de no sentirse amados ni apoyados.

Es el silencio que queremos romper con nuestra oración, acompañándote en este Vía Crucis, en el que, este año una vez más, vamos a unirnos a tantos hombres y mujeres que, en tantos lugares de la tierra, viven un Vía Crucis diario, y nadie les hace caso.

Que tu Madre, María, Reina de las Misiones, nos acompañe en este viaje, para que el dolor tenga la compensación de su amor.


1.ª Estación: Jesús sentenciado a muerte

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, quién iba a pensar que Tú, el aclamado hace unos días como Mesías y Señor, serías condenado a morir… Quien iba a pensar que, en tantas partes del mundo, los que te aman sean condenados a la marginación, al desprecio, ¡a la prisión!, y solo por amarte, por servirte, por hablar de Ti y de tu amor.

Jesús, quiero mirarte con compasión en estos momentos. Ayúdame a tener presentes en mi oración a todos los que son perseguidos por causa de su fe.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


2.ª Estación: Jesús cargado con la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, ¿era esta la cruz de la que hablabas cuando decías que para seguirte debemos tomar nuestra cruz de cada día? Permíteme que yo coja la mía con ánimo y fortaleza, y que me una, al menos con el afecto, a los hombres y mujeres que tienen que llevar la cruz de la enfermedad, de la soledad, del dolor.

Jesús, quiero acompañarte en tu Vía Crucis. Ayúdame a no olvidarme en mi oración de los que contigo sufren y llevan una pesada cruz en tantos lugares de la tierra.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


3.ª Estación: Jesús cae por primera vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, verte tirado en el suelo, me duele. ¿Tanto te costamos los hombres? Quiero estar contigo en todos los misioneros que en el mundo entero están viendo caer, por fragilidad, por la dureza de la vida, a quienes quieren vivir con dignidad.

Jesús, quiero cogerte de la mano y besártela. Ayúdame a no pasar de largo ante quienes, junto a mí, se sienten débiles y necesitados.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


4.ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, qué consuelo tener a María cerca, y qué dolor para su corazón contemplarte así. Ayúdame a invocar a María cada vez que siento en mi interior el zarpazo de mi pobreza, y a pedir su ayuda con confianza para quienes necesitan su consuelo y mirada.

Jesús, quiero estar junto a María en estos momentos, y quiero ser capaz de acercar a su amor maternal a quienes se sienten abandonados y no amados en tantas partes del planeta.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


5.ª Estación: El Cirineo ayuda a llevar la cruz a Jesús

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, cuánto debiste agradecer la ayuda de un hombre que no te conocía, pero del que, desde ese momento, fuiste su Salvador. Que nunca desprecie la ayuda de quienes me quieren bien, y que los que te amamos sintamos la urgencia de ayudar a quienes más te necesitan.

Jesús, quiero ser tu cirineo y ayudarte a llevar el peso de los pecados y sufrimientos de los hombres. Por eso te pido que mire a los misioneros que están entregando su vida, para aprender a tomar la cruz de quienes has puesto junto a mí.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


6.ª Estación: La Verónica enjuga el rostro del Señor

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, cuánto valen los gestos de amor en los momentos de dolor; cuánto te alivió que la Verónica te quitara el sudor y la sangre de tu rostro. No me dejes olvidar que el mundo necesita pequeños gestos hechos con un amor grande, y que esto lo viva así en mi lucha por ser como Tú.

Jesús, ojalá sea valiente para salir a tu encuentro cuando no se te trata bien. Que sea capaz de ponerme al lado de quienes se parecen más a Ti por el dolor y el abandono, y acompañarles en su sufrimiento.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


7.ª Estación: Jesús cae por segunda vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, verte así me hace pensar cuánto me tienes que querer, y nace en mi corazón un gran deseo de darte las gracias por tu entrega. No permitas que me acostumbre a mis caídas y a perder la esperanza cuando me parece que no avanzo.

Jesús, me arrodillo y te adoro. Contemplarte así me hace caer en la cuenta del daño que te he hecho en tantas ocasiones. Pon en mi corazón la misericordia que necesito para quienes caen y a los que tengo siempre la libertad interior de juzgar y condenar por su caída.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


8.ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, qué deseo de entrega… Tú, tan necesitado, y te paras a atender a quienes están necesitadas de consuelo y amor. Que mi dolor no me impida ver el dolor de los que tengo cerca… ni el de los que están lejos.

Jesús, quisiera oír tus palabras de consuelo y ánimo para mi corazón roto. Cuando me sienta necesitado y pobre, pon ante mí alguien más necesitado y pobre que yo, para que, como Tú, no me encierre en mi dolor.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


9.ª Estación: Jesús cae por tercera vez

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, y ¡yo me quejo! Tú te levantas cada vez para mostrarme que el mal no tiene la última palabra y que la fuerza del amor está por encima del poder del pecado. Quiero, Señor, ser capaz de perdonarme cuando caigo, como me perdonas Tú. Quiero, Señor, mirar con afecto a quien cae e intenta cada vez levantarse.

Jesús, se me rompen las entrañas viéndote así, pero doy gracias a Dios por poder vivir tu entrega junto a Ti. Que los evangelizadores que se sienten decaídos y desanimados te miren, y se levanten con ilusión por lo que les queda por andar.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


10.ª Estación: Jesús despojado de sus vestiduras

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, se te abren de nuevo todas las heridas y muestras tu cuerpo desnudo y destrozado. Que mi suciedad no me impida querer acercarme a Ti con sencillez, pero con sinceridad, para que veas mi pecado y me deje limpiar por tu amor.

Jesús, permíteme que me quede con tus vestiduras para acordarme siempre de lo que fuiste capaz de hacer por mí. Y ayúdame a cubrir con la capa de mi caridad la desnudez de mis hermanos cristianos que muestran sus heridas y pobrezas.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


11.ª Estación: Jesús clavado en la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, el silencio de la tarde se rompe con los martillazos que te cosen al madero. Dame lágrimas que muestren mi vergüenza por no haber sabido quererte en tantas ocasiones, por no haber vivido con santidad mi vida cristiana.

Jesús, beso con humildad tus heridas en manos y pies. Déjame que bese también las heridas de tus hijos, mis hermanos, que tienen en su cuerpo las llagas de su fidelidad al Evangelio.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


12.ª Estación: Jesús muere en la cruz

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, oír que tienes sed me hace prometerte que yo te saciaré esa sed que tienes de amor, esa sed que tienes de almas.

Jesús, no permitas que te deje solo, no permitas que me aleje de Ti. Y danos a los creyentes un gran deseo de acercarte a aquellos que se han apartado de Ti o que ni siquiera te conocieron. ¡Quiero saciar tu sed de nuestra sed de Ti!

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


13.ª Estación: Jesús es puesto en brazos de su Madre

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús…, como en Belén, María, y Tú en sus brazos. Entonces… ¡cuánta alegría! Y ahora… ¡cuánto dolor! Pídele a Ella que abrace con afecto a los hijos suyos que más necesitados estamos de su calor.

Jesús, yo no me atrevo a acercarme; son momentos de intimidad para tu Madre. Pero no quiero perderme un instante de esta escena: quiero que se me grabe a fuego en el alma que a quien ha muerto por el pecado, por el abandono, no se le puede dejar solo.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


14.ª Estación: Jesús es enterrado

                  Te adoramos, Cristo, y te bendecimos…, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús, ni lugar propio tienes para ser enterrado. Jesús, con cuánto cariño te preparan un sitio donde descanse tu cuerpo, ya sin vida. Que mi corazón, como ese sepulcro, sea capaz de recibirte y puedas encontrar en él tu descanso.

Jesús, ahora sí que es el momento del silencio. No hay palabras; las que dijera podrían parecer necias. Pero lo que sí hay es un gran deseo de llenar de esperanza los corazones y las almas de quienes se sienten tristes y abatidos.

                  Padre nuestro…

                  Señor, pequé…; tened piedad y misericordia de mí.


Oración final

¡Qué largo se me ha hecho este camino! Y yo solo era un espectador… Jesús, que no me canse nunca de amar como Tú amas. Que no me arrepienta nunca de haber abrazado la cruz por amor a Ti y a mis hermanos. Que no consienta que la tibieza, el conformismo, la dejadez me impidan desear ser algo más, ser tu apóstol, ser tu instrumento de compasión y caridad.

Pídele a María que, cuando vea que flaqueo, que pretendo alejarme de la cruz, me agarre fuerte de la mano, como hizo con tu apóstol Juan, para que no abandone. Y que yo, también, agarre la mano del que es más débil para que se encuentre contigo en la Cruz.

 

Un centenar de participantes para el encuentro anual de OMP

  • On 26 de febrero de 2024

Este próximo miércoles y jueves, 28 y 29 de febrero, tendrá lugar en Madrid el tradicional encuentro de febrero de las Obras Misionales Pontificias con la presencia de más de cien voluntarios, empleados y personas vinculadas con la misión y la animación misionera en España. El tema, “La Oración, Primera Obra Misional”.

Este encuentro de empleados y voluntarios de las Obras Misionales Pontificias y de las Delegaciones de Misiones de España, que tiene lugar a mitad de curso es una oportunidad de convivencia e intercambio entre todos aquellos que dedican su tiempo y esfuerzos a la animación misionera y a acercar la realidad de la misión a la Iglesia española y a la sociedad en general. Con este encuentro se visibiliza también la riqueza de los voluntarios y empleados de las Delegaciones de Misiones y de las Obras Misionales Pontificias que trabajan en todas y cada una de las diócesis españolas.

Las actividades de las Obras Misionales Pontificias durante este año, como este mismo encuentro, girarán precisamente en torno a la oración y la cooperación espiritual, siguiendo el querer del Papa Francisco de que 2024 sea de especial preparación en oración al Jubileo del 2025. De ahí que “La Oración, Primera Obra Misional” sea el eje de estos días de reflexión y convivencia en la casa de las Esclavas de Cristo Rey, de Arturo Soria, 228.

P. Pedro Zafra, desde Ucrania:

 


 “La vida está para darla, no para reservarla”

  • On 23 de febrero de 2024
Padre Pedro Zafra, sacerdote español en Ucrania

Cuando se cumplen 2 años desde el inicio de la guerra en Ucrania, OMP habla con el sacerdote del Camino Neocatecumenal Pedro Zafra desde Kiev. Cuando comenzó la guerra, este joven de 32 años descubrió que Dios quería que permaneciera en el país en el que se ordenó tras leer un pasaje del Evangelio, y en este tiempo ha acogido a parroquianos y les ha ayudado espiritual y materialmente. Dos años después explica de dónde le viene la fuerza para perseverar en la misión.

El 24 de febrero de 2022 Rusia atacó Kiev. En ese momento, Pedro Zafra estaba en otra ciudad ucraniana en un curso de formación. Este joven sacerdote del Camino Neocatecumenal llegó al país en 2011, y en Kiev se formó y fue ordenado. Lo que no podía imaginarse es que estrenaría su sacerdocio en tiempos de guerra. “Estaba en un momento de mucho combate porque obviamente tenía miedo”, explica Pedro Zafra. Ante las dudas sobre si regresar a España o quedarse, habló con su párroco y sus catequistas, que le dijeron: “tú eres libre, haz lo que quieras; cada uno toma la decisión según su conciencia, según Dios le va dictando”.

Lo primero que decidió fue volver a Kiev ese mismo día. “Fue un viaje… vimos cómo Dios fue abriendo el camino, porque toda la gente estaba saliendo de Ucrania y nosotros íbamos en sentido contrario. Todas las gasolineras estaban llenas de gente, había mucha tensión”, explica. “Conseguimos llegar a Kiev antes de las 20:00 de la tarde, que es cuando decretaron el toque de queda. Y llegamos a la parroquia, y ya no sabíamos lo que hacer”. Junto con otro misionero brasileño, cogieron sus cosas de las habitaciones y se fueron a dormir al sótano.

“Ya nos levantamos a la mañana siguiente, y estábamos en la capilla rezando Laudes, sin saber lo que hacer. La calle estaba vacía, todo en silencio”, recuerda. “Y rezando abrimos una Palabra al azar que dice que el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza, y después proseguía con el envío de los 72 discípulos, de dos en dos. Nosotros entendimos en ese momento que el Señor nos confirmaba el hecho de estar aquí”.

“Justo cuando estábamos rezando, en ese momento, empezaron a venir parroquianos pidiendo ayuda y acogida”, rememora. Y allí montaron un refugio para decenas de personas durante los primeros cinco meses de la guerra: familias con niños, personas mayores… Convivían, y rezaban, con el Santísimo expuesto. Retransmitían la Misa para aquellos parroquianos que se habían marchado de la ciudad. Y además de todo este acompañamiento espiritual, también ayudaron con lo material. “Muchos conocidos nuestros empezaron a preguntarnos si teníamos necesidades, y empezaron a mandarnos cosas, productos, ropa…”.

Ya han pasado dos años desde entonces, y la guerra aún continúa, pero de otra forma. “La situación en Kiev ahora es más o menos tranquila”, explica. Aún hay alarmas de bomba y toque de queda, pero los supermercados han abierto y la gente ha vuelto a trabajar. “La verdad es que seguimos con esa tensión”, afirma. Entre los principales problemas están la movilización de hombres –“hay muchos soldados que entran en tu casa y te llaman al Ejército, y tienes que ir si no quieres que te acusen de traidor”-, las familias separadas –“la madre con los hijos están en el extranjero y el padre está aquí, porque no puede salir del país”.

¿Cómo anunciar el Evangelio en tiempos de guerra? Pedro Zafra lo tiene muy claro: “Hablamos del Sermón de la montaña. Cuando hay paz es más fácil hablar de eso, pero nosotros desde el principio estamos predicando esto, y vemos cómo el Señor les está dando la Gracia de acoger esta Palabra, aunque es verdad que no es fácil”.

Personalmente, Pedro está tranquilo. “Miedo ya no tengo, la verdad es que me he acostumbrado un poco a las sirenas… aunque es verdad que cuando se oyen los bombardeos, que sobre todo son por la noche, el corazón late más fuerte”. Pedro ha encontrado paz y consuelo en el Señor. “El Señor me da la Gracia de perseverar en su voluntad, pues he visto que es el Señor el que me da la fuerza a través de la oración, de los sacramentos, y a través del ministerio, que me ha concedido ver que al final, la vida está para darla, no para reservarla”.

Escucha la entrevista completa:

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