Mostrando entradas con la etiqueta Misioneros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Misioneros. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de septiembre de 2026

La inmigración

 

vista por un misionero desde el Sáhara

  • On 11 de junio de 2026

Con una sinceridad que va más allá de clichés, y sin ocultar las contradicciones, y también con la caridad y el amor a las personas a las que ha sido enviado, el misionero José María Cantal Rivas, habla desde el desierto de Argelia, el lugar de misión de este Padre Blanco. Este misionero granadino sabe de lo que habla, vive en la ciudad argelina de Adrar, en pleno desierto del Sáhara y, antes, tuvo como destinos Burkina Faso, Egipto y, en la misma, Argelia, estuvo a cargo del Santuario de Nuestra Señora de África en Argel. En estas declaraciones para las Obras Misionales Pontificias recuerda que “lo primero que hay que decir es que estos emigrantes llegan a Argelia para atravesarla y llegar a Europa, por lo que su primera preocupación es una preocupación lógicamente material y de viaje. Ellos quieren ganar un poquito de dinero durante su estancia en Argelia para seguir viajando hacia el norte. Entonces, su preocupación primera no es la práctica religiosa. Incluso entre aquellos que son musulmanes y entre los cristianos igualmente. Hay, por eso un porcentaje muy pequeño de emigrantes que se acerca a la Iglesia”, manifiesta el padre José María. “A menudo piensan que no hay Iglesia en Argelia de ningún tipo. Y a veces, cuando descubren que hay Iglesia, su primera preocupación no es espiritual. Son necesidades materiales que hay que cubrir y a veces desearían que les ayudáramos a cruzar el estrecho”.

En muchas ocasiones, explica este Padre Blanco, “se preguntan cómo es posible que siendo ellos cristianos, y nosotros también, no seamos más solidarios, más generosos, que no respondamos a todas sus peticiones con un sí. No siempre es fácil tratar con esta población, porque a veces su deseo de ir hacia el Norte, les tiene un poco obnubilados ante los consejos que tú puedes dar sobre la seguridad, las mafias, la precariedad”. Y los consejos que se le puedan dar “no son recibidos, digamos, con la con la permeabilidad que uno desearía por el bien de ellos. De todos modos, hay actividades como ropero, pagar medicamentos, dar de comer. Evidentemente, es difícil albergarlos en nuestras casas por razones de la ley”. Lo que sí se puede hacer, a veces, es pagar “un par de noches en una pensión o el transporte, tanto para ir hacia el norte, como, algo más raro, cuando deciden volver a sus países”.

Señala que lo que él ve allí, en el desierto argelino, “son jóvenes andando por el desierto, en el arcén de las carreteras, a veces sin ningún tipo de mochila, ni bolso, ni nada. Como mucho, un sombrero, un gorrito, una botella de agua en la mano, A veces medio vacía”. Una precariedad muy grande que te rompe el corazón. “La gente suele parar para darles agua y comida, pero por ley, el que recoja a un emigrante en su coche, aunque sea, digamos, con una buena intención, se le puede acusar de tráfico de seres humanos, por eso la gente tiene miedo de recogerlos”. Hay que ayudar, pero la gente tiene miedo. Y pasa lo mismo en las estaciones de autobuses, “donde hay unos carteles diciendo que al que no tenga documentos no se le puede vender un billete”. Da muchísima pena la situación, y luego “a veces los ves trabajando en obras o en el campo, en los oasis… pero claro, es un trabajo clandestino, sometido a todas las precariedades que uno pueda imaginar”. Pero reconoce este misionero que le sorprende esa juventud tan motivada y, en su opinión, “es un movimiento migratorio mundial imparable”. Sea cual sea el tipo de legislación que se establezca, los mismos emigrantes tienen su modo de razonar “que no es el nuestro”.

Además, añade el padre Cantal Rivas, hay “una serie de rumores, de leyendas urbanas, que circulan entre ellos, de afirmaciones de redes mafiosas, también de timos, de estafas, que hacen que los emigrantes no tengan acceso a ningún tipo de información oficial, ya sea por cuestión de lengua, ya sea porque no tienen acceso a los lugares donde esa información oficial se difunde”. Así que, al final, “viven de lo que se dice en sus círculos de migración y a menudo la información es que vas a conseguirlo; otros lo han conseguido, por qué tú no”. Y así todo lo que se dice sobre las dificultades para integrarse o conseguir documentación o regularizarse, que todo eso es mentira, y “esa es la información que en general circula entre ellos y yo se lo he oído directamente cuando les desaconsejaba no seguir hacia adelante”. Le miraban entonces “con desprecio, diciendo que tú eres un blanco egoísta que no quiere nosotros vivamos bien”. Ante los folletos de información financiados por la Unión Europea, se ríen, considerando que no es más que propaganda antiinmigración, que está basada simplemente en el egoísmo de Europa, que no quiere que la gente vaya”. Por eso, insiste, este movimiento es imparable. Reconoce que no sabe “cómo se puede gestionar este movimiento mundial, pero esto habrá que gestionarlo a nivel mundial y no a nivel de país por país”.

El perfil de los emigrantes que atraviesan Argelia es muy variado, cuenta el misionero, y “hace unos años era esencialmente gente de Nigeria, Camerún y países de África occidental como Guinea Bissau, Costa de Marfil, Burkina, Mali… Ahora se ve, desde hace un par de años, que son gente de Sudán del Sur, Sudán, Etiopía, Eritrea, que llegan a Argelia después de haber atravesado Egipto y Libia”.

Un servicio que la Iglesia presta a los emigrantes es el de capellán en las cárceles. Las autoridades argelinas tienen autoridad autorizados a unos 60 miembros de la Iglesia para visitar a los presos que se declaran cristianos. Y hay que decir que en muchísimos casos son sobre todo emigrantes, ya sea detenidos por estar en situación irregular o por haber trabajado sin papeles o por haber cometido algún delito. Este apoyo a los emigrantes en la cárcel “es muy valioso. Lo primero porque les da dignidad. Alguien viene a verlos, alguien lo saca del anonimato, alguien reconoce el valor de lo que son sus convicciones. A veces es esta visita a la cárcel la que permite poner en contacto a las familias que piensan que su hijo o su hija han fallecido. Ponerlos en contacto a través del WhatsApp, decirles que su hijo está vivo, que está en tal cárcel, que le quedan tantos años, etcétera. Dar algún tipo de consejo a esta población carcelaria, extranjera y cristiana sobre cómo afrontar los años de cárcel o cómo pedir algún tipo de servicio en la prisión, que ellos desconocen que tienen derecho, como puede ser el recibir un giro postal con dinero de parte de su familia, etcétera”.

Concluye recordando que en el siglo XIX el Papa León XIII concedió una indulgencia para los que en Nuestra Señora de África, en Argel, cada domingo rezaran por el alma de aquellos que morían en el mar y eran enterrados en el mar. “La Providencia ha querido que ahora no León XIII, sino León XIV, al visitar Argelia, haya actualizado ese cenotafio que hay ahí en la entrada de la Basílica en el exterior, en memoria de los que mueren en el mar, para todos aquellos que hoy en día mueren y que ya no son marinos, sino que son esencialmente emigrantes”. Y recuerda que “el Papa Francisco dijo que había que evitar que el Mediterráneo se convirtiera en una inmensa tumba”, por eso, “una oración por ellos es una forma también de animarnos nosotros a considerar a los emigrantes con el respeto que merece todo ser humano creado por Dios”.

Mons. dal Toso, nuncio en Jordania y Chipre:

 

 La vocación del cristiano, vivir dentro de la Iglesia para los demás

  • On 25 de mayo de 2026

Mons. Giovanni Pietro dal Toso, nuncio de su Santidad en Jordania y Chipre, ha sido entrevistado por las Obras Misionales Pontificias de España. Conocedor de las Obras Misionales Pontificias, de las que fue presidente internacional, habla sobre el cuidado de cada comunidad cristiana en cualquier parte del mundo por parte de la Iglesia universal. Aquí se puede ver el vídeo de la entrevista.

Mons. dal Toso explica lo que significa ser nuncio, representar “al Papa también ante la Iglesia local, no solamente ante el Estado”. En cuanto a la parte de representante ante el Estado “es un rol apreciado. Un llamar a los valores profundos, verdaderos, compartidos, que permiten la convivencia humana, o sea, la dignidad del hombre, la paz, la igualdad de todos los hombres”. Señala que los nuncios no entran mucho “en cuestiones políticas, en cuestiones económicas, sino que más bien en aquellas cuestiones que son la base sobre la cual se puede constituir una convivencia humana pacífica”.

Sobre Jordania explica que es un país pacífico: “A mí me gusta decir también que la población es una población pacífica. Todo esto se debe mucho a la familia Hachemita, que son los reyes de Jordania, que siempre han buscado un camino de paz”. Y eso, añade Mons. dal Toso, a pesar de que “estamos rodeados por conflictos”. Aún así, se perciben las tensiones de los países vecinos, “en el ámbito económico, porque con la guerra también se acabó el turismo, las peregrinaciones, porque la gente tiene miedo”. Hay que ser conscientes de que “Jordania también es Tierra Santa, porque muchísimos eventos de la escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento se desarrollaron allí”.

Los cristianos son una minoría en Jordania, explica el nuncio, apenas el 3% de la población, aún así, “son los herederos de las primeras comunidades cristianas. Siempre ha habido el cristianismo en el país”. Y es una comunidad que tiene un papel muy activo “porque tenemos una red de escuelas católicas; si no recuerdo mal 47 escuelas católicas, más una universidad que no se llama católica, pero de hecho es llevada a cabo por el patriarcado de Jerusalén”. En las escuelas conviven cristianos y musulmanes, y esto es un aporte importantísimo para que los jóvenes pueden crecer juntos y esto les da también una perspectiva para el futuro. Así que “la presencia de los cristianos no es una presencia ajena a la cultura local, sino que los cristianos participan, como todos los demás, en la vida del Estado, en la vida del país”. Señala el ejemplo de que en el gobierno actual de Jordania hay tres ministros cristianos.

Mons. dal Toso es también nuncio en Chipre, porque Chipre y Jordania dependen a nivel eclesial del patriarcado de Jerusalén en cuanto al rito latino. La mayor parte de los cristianos de Chipre son ortodoxos peso hay una comunidad de católicos que está aumentando numéricamente. Señala que “fundamentalmente tenemos dos comunidades católicas: la comunidad maronita, que es una comunidad de libaneses que llegaron hace 800 ó 900 años atrás a Chipre desde el Líbano y allí se han desarrollado y que ahora está creciendo por la llegada de más libaneses; y la otra es la comunidad latina, o sea de rito latino, que depende, como decía al patriarcado latino de Jerusalén”.

Esta comunidad latina está creciendo por la inmigración, el nuncio cuenta que tiene de 20 a 30 mil filipinos “que han venido y trabajan allí, pero no solamente de Filipinas, también de la India”. Es importante que estas comunidades cuenten con un cuidado pastoral y, así, “desde hace dos años cuentan ya con un obispo de rito latino católico para servir mejor esta comunidad de de católicos latinos”. Una de las principales misiones de un nuncio apostólico es conectar con la Iglesia universal, “es decir también a los católicos que están allí: no estáis solos, sino que estáis conectados con la Iglesia Universal y el representante del Papa significa, con su presencia, que el Papa y la Iglesia Universal está con vosotros”. Esta universalidad de la Iglesia también en el cuidado mutuo lo vivió también como presidente de las Obras Misionales Pontificias: “Es la participación en la misión a través de la oración y también de la ofrenda, una participación que permite al cristiano vivir su vocación misionera y sentirse también conectado con los demás cristianos católicos que están por el mundo”. Las Obras Misionales Pontificias son “una herramienta muy sencilla”, pero que da la posibilidad de pensar en el otro, abrir tu corazón hacia los demás, hacia los demás que están lejos de ti”. Y concluye; “porque esta es la vocación del cristiano que no puede vivir para sí mismo, sino que tiene que vivir dentro de la Iglesia para los demás”.

P. Francisco Ostos,

 

misionero en R. D. Congo, epicentro del nuevo brote del ébola: “Hemos pasado por mucho en estos 53 años y no voy a decir adiós ahora”

  • On 20 de mayo de 2026

El noreste de la República Democrática del Congo es una zona de gran inestabilidad desde hace años por las guerrillas, la ocupación del ejército ugandés y los campos de refugiados de Sudán del Sur. A todo ello ahora se suma un nuevo brote de ébola, que ha sido declarado por la Organización Mundial de la Salud como emergencia de salud pública de importancia internacional. Desde allí Francisco Ostos, un misionero Padre Blanco en la zona desde hace 53 años, explica a Obras Misionales Pontificias (OMP) cómo se está viviendo este brote y el papel esencial que está ejerciendo la Iglesia para atender a los enfermos y prevenir la propagación del virus. Y reafirma su voluntad de seguir entregando la vida allí.

P. Francisco Ostos, misionero en República Democrática del Congo

“Es el 17º brote de ébola que se da en República Democrática del Congo, pero la particularidad esta vez es que se trata de una variante para la que no hay vacuna ni tratamiento”, explica Francisco Ostos, de los misioneros de África (más conocidos como Padres blancos) desde Ituri. “Hay muchas más personas que habrán muerto o que están infectadas de las que oficialmente se tienen datos, porque piensan que lo que tienen no es ébola, que es meningitis, malaria o fiebre tifoidea…”, describe. Esto se agrava en el caso de los fallecidos. “Cuando hay uno contagiado o muerto, no respetan el aislamiento y lo llevan a su pueblo para enterrarlo, y todo el mundo tiene que llorarlo y abrazarlo, van a limpiarlo… Y naturalmente es un foco de contagio increíble”. Gracias a Dios, según explica el misionero, la experiencia acumulada con los anteriores brotes de ébola y con la pandemia del COVID-19, está ayudando en las campañas de prevención.

“Si los misioneros no estuviéramos aquí, esto sería como para que el pueblo se haga un ‘suicidio colectivo’, porque a nivel de escuela y de sanidad, más allá de lo que hace la Iglesia católica y la anglicana, prácticamente no se hace nada”, explica Francisco Ostos. La diócesis cuenta con 5 hospitales, y varias maternidades y ambulatorios. En Mahagi, ciudad de Ituri donde se encuentra el misionero, solo hay un hospital del Estado y está en condiciones deplorables. Allí suelen acercarse los misioneros para acercar comida a los enfermos. “No hay ninguna asistencia, no tienen medicinas, no tienen medios para analizar, no tienen nada”. Sin embargo, en los hospitales de la Iglesia sí que hay medios y condiciones dignas para los pacientes.

Además de la atención sanitaria, Ostos subraya la importancia de la prevención que se está realizando en los centros de salud diocesanos, pero también en las 29 parroquias que hay en la diócesis. “Han hecho posters y los han pegado en diferentes paredes, se están haciendo sesiones de formación en las escuelas y las Iglesias”… Toda difusión es poca, y por ello también desde la radio diocesana se está realizando una labor enorme de prevención. “Se están dando instrucciones a la gente en sus diferentes lenguas para que tengan cuidado y tomen precauciones”. Indicaciones como cocinar bien los alimentos por encima de 60º, lavarse las manos regularmente, que haya separación entre personas, que se aíslen…

Una zona en guerra

El ébola no es el único problema que asola al noreste de R. D. Congo. “Hace cinco años que estamos en estado de sitio, porque hay cuatro grupos rebeldes que son auténticos salvajes, que se dedican a eliminar a esta población y a hacerla sufrir”, afirma. “Estos no matan con fusiles, estos matan con machetes, y cuando atacan van con mujeres y con los hijos. Mientras ellos matan, las mujeres prenden fuego a las chozas de la gente para que huyan, y así cogen ellos las cabras, las vacas, todo lo que tenga valor”. A pesar de los esfuerzos de la ONU y del ejército ugandés, no hay ninguna solución por ahora. “Los cuatro grupos rebeldes campan y hacen lo que quieren, y han obligado a las poblaciones a desplazarse creando campos de desplazados con muy mala higiene, lo que se convierte en foco de epidemias”. A ello se suma la ocupación desde hace un año del ejército gubernamental de Uganda -país que se encuentra a tan solo 12 kilómetros de donde está el misionero-; y los campos de refugiados que llegan de Sudán del Sur.

Ante tanto sufrimiento, la gente encuentra en la Iglesia un hogar. “La gente sabe que en Jesucristo está la respuesta, y por eso las Iglesias se llenan de personas todas las mañanas, porque saben que ahí es el único lugar donde ellos encuentran seguridad”, afirma Ostos. “Es curioso que cuando una persona va a las oficinas del Estado va a la defensiva, sabiendo que van a intentar aprovecharse de él. Pero cuando vienen a la parroquia saben que son atendidos como personas, que se les va a ayudar, que no se les va a explotar.”

“No voy a decir adiós ahora”

Con 77 años -53 de ellos en R. D. Congo-, Francisco Ostos no se plantea dejar la misión. “El misionero tiene que estar donde hay necesidades”, defiende. “Hemos pasado por mucho estos 53 años de guerra y otras epidemias, no voy a decir adiós porque ahora haya una cosa más que sea negativa”, subraya de forma contundente. “Si pensara en mi confort, sí me volvería a España”.

La vocación de este misionero andaluz se remonta a cuando tenía 15 años, cuando por una lesión tuvo que permanecer en cama un mes, y allí escuchó en la radio la noticia del martirio de 6 Padres Blancos en República Democrática del Congo. Ante esta noticia, sintió dentro que él asumiría su relevo. Años después, tras varias vicisitudes, decidió ser misionero Padre Blanco, y sus superiores, sin saberlo, le mandaron a reabrir esa misión que estaba cerrada desde el martirio. 53 años después, esa llamada a la misión sigue viva.

Este misionero tiene un mensaje para los españoles: “Hay que rezar, pedir la ayuda del Señor. Lo podéis hacer desde España, rezar para que este brote pase lo más pronto posible, que el Señor acoja a los que se han ido a causa de este virus y ayude a los médicos sobre todo”.

Puedes ver los carteles informativos sobre el virus del ébola y fotografías de Francisco Ostos aquí.

Obispo de Honduras.

 

El misionero español Patricio Larrosa nombrado obispo en Honduras

  • On 18 de mayo de 2026

Fue en 1992 cuando Patricio Larrosa Martos, sacerdote diocesano de la diócesis Guadix llegaba a Honduras. Su compromiso con su país de adopción ha estado ligado a un fuerte impulso que cuajó en la Asociación Colaboración y Esfuerzo, ACOES. Este viernes el Papa León XIV lo ha nombrado obispo de Danlí.

Sacerdote Fidei Donum, ejercía el cargo de vicario general de la archidiócesis metropolitana de Tegucigalpa, la capital de Honduras. Nació el 21 de enero de 1960 en Huéneja, Granada, en la diócesis de Guadix. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Mayor San Torcuato de Guadix y en la Facultad de Teología de Granada. Fue ordenado sacerdote el 6 de julio de 1985.

Ha ocupado los siguientes cargos: párroco de Villanueva de las Torres, de Dehesas de Guadix y de Alicún de Ortega, en la Diócesis de Guadix (1985-1992); sacerdote Fidei Donum en Honduras, en la Archidiócesis de Tegucigalpa (desde 1992); vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús (1992); párroco (1993-1997) y vicario parroquial (1997-2013) de San José Obrero en El Pedregal; vicario parroquial de Santa Teresa de Calcuta, en la colonia Montes de Sinaí de Tegucigalpa (desde 2013); fundador y presidente de la Fundación ACOES; hasta la fecha, vicario general de la Archidiócesis Metropolitana de Tegucigalpa (desde 2023).

El origen de ACOES Honduras, Asociación Colaboración y Esfuerzo, se remonta a la llegada de Patricio Larrosa a Tegucigalpa en 1992. Desde su llegada, la necesidad de dar respuesta a todas las necesidades de sus vecinos llevó al padre Patricio a contactar con su amplia red de amigos que desde España comenzaron a respaldarle en sus proyectos. Puso en marcha una primera biblioteca en la que un grupo de niños formaron la primera semilla de ACOES. Les demostró que no importaba lo pobre que fueran, si su deseo era ayudar a los demás, podrían hacerlo. En la actualidad son decenas los jóvenes hondureños los que colaboran de forma activa en los distintos proyectos, con su compromiso de servicio a los más desfavorecidos.

Así, nacieron las escuelas Santa Clara, Santa Teresa, Santa María y Virgen de Suyapa, ubicadas en las colonias marginales de Tegucigalpa y en las que estudian más de 4.500 escolares, además de guarderías infantiles y casas de estudios para jóvenes de comunidades indígenas, para que los jóvenes que lo deseen puedan completar su formación. Aparte de estos proyectos centrados en la educación también se han acometido otros relacionados con la construcción de viviendas, la mejora de infraestructuras y la sanidad, y también la productividad, con la siembra de cafetales, árboles frutales y hortalizas, y el taller de costura, Virgen de Montserrat.

En el campamento de Infancia Misionera que tuvo lugar en Javier, a finales de junio del año pasado, fue el invitado especial. Los niños del campamento pudieron escuchar de él mismo su testimonio como misionero y las necesidades que los niños de Honduras y sus problemas, animando a los pequeños participantes en el campamento a vivir con un corazón misionero, siempre abierto a los demás.

Mons. Jesús Ruiz, obispo en Centroáfrica:

 

 necesidades, retos y consuelos de una misión

  • On 8 de mayo de 2026

Mons. Jesús Ruiz, misionero comboniano, es obispo de la diócesis de Mbaïki, en la República Centroafricana. En la entrevista concedida a las Obras Misionales Pontificias muestra su amor por el pueblo que el Señor le ha encomendado y sus esperanzas de un futuro mejor. La entrevista se puede ver aquí.

Obispo de Mbaïki desde 2021, este misionero burgalés lleva ligado a África toda su vida. Es la esencia de su vida como religioso comboniano, con ese carácter práctico y a la vez espiritual y lleno de confianza en Dios. Cuenta que la primera necesidad que sufre es de sacerdotes y evangelizadores. Solo tiene diez sacerdotes diocesanos. Por eso cuando una comunidad le pide que cree una parroquia, les dice que crearla es muy fácil, el problema es “¿De dónde saco sacerdotes?”. Aún así este año ha creado dos nuevas parroquias “estirando mucho la cuerda del personal, porque no acepto que un misionero se quede solo. Tenemos que vivir en comunidad al menos dos y el sueño es tres para vivir lo que queremos anunciar”.

Explica que “la misión cuesta dinero”, se necesitan infraestructuras, escuelas, sanidad, personal apostólico. Por eso reconoce que “desde que soy obispo, me he hecho un poco de de la orden mendicante y vamos mendigando por todos los sitios”. Y es que “las necesidades son tan ingentes y nosotros somos tan pequeñitos”, así que “muchas veces le digo al Señor, encárgate Tú que es tuyo”. Aun así son muchos los consuelos, “el Señor siempre nos da signos, nos da compensaciones, porque la gente es muy buena, muy creyente, y eso nos anima muchísimo”.

Su diócesis, explica este obispo misionero, abarca unos 20.000 kilómetros cuadrados, en pleno corazón de la cuenca del Congo, el segundo pulmón de la humanidad, llena de selva. Con una población de unos 400.000 habitantes. Tiene la suerte de que es una de las dos diócesis que cuentan con población pigmea, la otra están en Camerún. Los pigmeos son muy pobres, subsisten de la recolección y sigue siendo un pueblo despreciado. En muchas ocasiones no son considerados personas. La población en general es también muy pobre, con un 70% por debajo del umbral de la pobreza con gente que nunca ha visto a un doctor. “El 60% de los chavales y el 40% de los que lo están es gracias a la Iglesia católica”, dice Mons. Ruiz. Los católicos son un tercio de la población más o menos. Es una zona llena de minas, de oro y de diamantes. Y luego están las compañías madereras “que son las que explotan toda la selva y desgraciadamente destruyen todo el sistema ecológico sin ningún miramiento”. A pesar de la pobreza, de la guerra que ha asolado y asola el país, de tantos problemas, “hay tantos gestos de de fe” y cuenta cómo hace tiempo fue a darle la unción de enfermos a una señora mayor que había recibido el bautismo dos años antes. Le conmovió “la paz que transmitía, me voy a la casa del Padre, decía, y con una paz”.

Antes de ser obispo había estado muy en contacto con los pigmeos. La selva en muchas zonas ha sido arrasada y esto les ha obligado a salir de ella y vivir al margen de las demás etnias. Cuenta que le enviaron a una parroquia en 2009, para comenzar la labor pastoral con los pigmeos. El primer día en la Iglesia no había ni un solo pigmeo, y “les dije, hasta que los pigmeos no entren a formar parte de la comunidad cristiana, nosotros no somos la Iglesia de Jesucristo, seremos otra cosa, un club, pero no somos la Iglesia de Jesucristo, porque en la Iglesia de Jesucristo están todos y sobre todo los últimos”. Un matrimonio pigmeo le fue a decir que querían hacerse cristianos. Mons. Ruiz les dijo: “Yo me comprometo a ir a vuestro poblado una vez a la semana”. Él les enseñaría la Palabra de Dios y a rezar, pero, añadió, “vosotros os tenéis que comprometer en ciertos aspectos de desarrollo humano, tenéis que llevar a los niños a la escuela, tenéis que cavar pozos, los pozos, tenéis que hacer las letrinas; y así estuvimos tres años en un tira y afloja”. Les explicó que la fe cristiana es “un pájaro con dos alas, un ala es la Palabra de Dios, es la oración, y la otra ala es el desarrollo”. Al cabo de tres años tuvieron los 34 primeros pigmeos bautizados y, cuando fue al Papa Francisco a Centroáfrica en el año 2015, no tenía ni autobuses ni nada, se fue con ellos andando a través de la selva. 150 Km por la selva andando, una experiencia única que todavía recuerdan, porque sobre todo se sienten integrados.

Uno de los sueños de Mons. Jesús Ruiz es hacer un pequeño hospital. Ahora varios médicos le ayudan haciendo clínicas móviles durante algunos días del año. Ginecólogos, cardiólogos, nefrólogos y pediatras, y también oculistas y dentistas, que en esos días atienden a más de mil personas. Reconoce que es un parche y que la próxima vez que vean a un médico será dentro de seis o siete años… Pero es un consuelo el haber operado a niños ciegos, o que se hayan realizado otras operaciones.

Agradece la ayuda de las Obras Misionales Pontificias. Son 14.000 euros fijos todos los años. Aunque toda la recaudación de las OMP de todo el mundo se pone en común, después le llega a cada dirección nacional adónde debe enviar el dinero. Los dos últimos años ha coincidido, cuenta este obispo nacido en España pero ya verdaderamente africano, que en los últimos dos años la ayuda a su diócesis ha llegado desde aquí, desde España. Reconoce que este detalle le hace sentirse orgulloso. También le llegan ayudas para los catequistas, que son absolutamente necesarios. Ha empezado un proyecto de catequistas, y está enviado matrimonios en misión, formados durante cuatro meses, “y luego el que libremente siente la vocación, pues los envió a otra etnia diferente, donde se quedan según las necesidades”. Se dedican a la formación, a la educación y a formar a su vez a otros catequistas, además de visitar todas las comunidades”.

No duda en dar las gracias a las Obras Misionales Pontificias, a quienes trabajan en la animación misionera y a tantos fieles que las apoyan: “Vosotros estáis aquí en la retaguardia, pero sin vosotros, nosotros no podemos ir adelante”. “Seamos realistas”, insiste, “la misión cuesta dinero y un viaje de avión cuesta dinero; y el transporte del coche cuesta dinero. Entonces sin vuestra ayuda, nosotros no podemos seguir adelante”.

Hna. Jeannette Makenga:

 

una misionera congoleña, un barrio marginal de Venezuela y un sueño

  • On 5 de mayo de 2026

Jeanette Mkenga, Misionera de Cristo Jesús, ha sido entrevistada por las Obras Misionales Pontificias. En esta entrevista esta misionera que lleva muchos años en Venezuela, cuenta cómo la misión la llevó desde la República Democrática del Congo, su país, hasta el otro lado del Atlántico.

“Soy de Ilebo en el centro de la República Democrática del Congo”, cuenta la hermana Jeanette, “Mi madre y mi padre, eran cristianos católicos. Mi mamá era de la Legión de María y yo, a la edad de 12 años, también me metí, siguiendo los pasos de mi madre. Era la Legión Junior Legión de María y hoy yo puedo decir que debo mi vocación misionera a la Legión de María. Ahí teníamos el apostolado los fines de semana. Eran días de ir a visitar a los enfermos, a la gente que no tiene quién la atienda. Eso fue cultivando en mí esa sed de servir a los demás”.

Cuenta por qué decidió entrar en su congregación: “El nombre solamente, Misioneras de Cristo Jesús, m llamó la atención. Me gustó, me sentí identificada ese nombre, aunque no las conocía. Vivían como a 200 kilómetros de mi pueblo”. Un año después, “pasó por ahí un cura y me preguntó qué quería yo”. Aquella niña congoleña no dudó en decirle: “Quiero ir con unas monjas que no conozco”. El sacerdote le dio la dirección y ella les escribió una carta”. Semanas después la superiora provincial de las Misioneras de Cristo Jesús, que estaba de paso por allí. La invitó a conocer cómo vivían. Las hermanas estaban en plena selva, así que tuvo que esperar la finalización del año escolar. Reconoce que la primera impresión la deprimió un poco, porque la casa de las hermanas era de paja y tierra. “Señor, dónde estoy”, se dijo. Una hermana belga le explicó que no estaban muy seguras de que fuera a venir, dadas las distancias y lo intrincado de la selva. Le enseñaron un cuarto, que ella misma tuvo que preparar, barriendo y quitando telarañas. Y así se quedó dando clases en una escuela que tenían. “Fueron los nueve meses más felices de mi vida”, no duda en reconocer la hermana Jeanette. “Me encantó. Comencé allí una Legión de María Junior con las jovencitas”. También pescaba y hacía carbón de leña, como le había enseñado su madre, e iba al campo. Cuando pasaron los nueve meses, fue al noviciado. Su madre le dijo que se portara bien, “porque, sabes, a las monjas que se portan mal las envían lejos”. Tras el noviciado la enviaron a una comunidad más al sur. “Estuve ahí tres años y luego me destinaron a Venezuela”. La hermana había pedido ir a Japón o a Chile.

La hermana Jeanette explica que lo más le ha gustado de la vida misionera es la evangelización, “dar a conocer ese amor de Dios Padre a todos los hombres, saliendo de lo conocido hacia lo desconocido. Allí, encontrarnos con esa gente”. El primer impacto con la misión en Venezuela fue increíble y casi milagroso. Una hermana española la llevó al barrio donde debía trabajar: “Este será tu barrio, tu lugar de misión. Cuando me dijo eso, yo mire y me entró el pánico. Me entró mucho miedo porque era un sitio desértico, con casas de latas. No había tendido eléctrico, no había carretera, todo era tierra y la gente hablaba en un idioma que yo me decía: hablan en portugués o en castellano”. Había una señora barriendo y cuando la vio se quedó paralizada. Llamó a su hija Ingrid, a la que le dijo: “Ingrid, ¿qué te dije yo esta mañana? Ingrid me mira, la mira y dice: Sí, mamá, sí. ¿Pero qué te dije yo?”. Y ante la sorpresa de la hermana Jeanette aquella mujer le dijo: “Yo te vi esta noche. Yo soñé contigo. ¿Y qué soñaste? Tú me dijiste que venías de lejos e ibas a trabajar aquí”. Gracias a esa señora, puedo entrar a evangelizar a aquellas personas. Algo que habría sido imposible, si alguien no sirve de introductor. “Esta señora fue mi mentora. Me llevaba de casa en casa diciendo: a esta la envió Dios, a esta la envió Dios. Recíbanla”.

La misionera reconoce que hay que confiar en Dios: “¿Por qué no creer? ¿Por qué no confiar?”. Es sentir “esa ternura como en el Evangelio que nos dice: cuando uno tiene ovejas, 100 ovejas, una se pierde”. Esa ternura “me hace vivir en la confianza permanente”.

Pedro Manuel Salado.

 

El misionero Pedro Manuel Salado será beatificado

  • On 28 de abril de 2026
El misionero Pedro Manuel Salado en Ecuador

Ayer lunes el Papa León XIV autorizaba la promulgación de varios decretos relativos al martirio de los españoles Siervos de Dios Estanislao Ortega y sus compañeros religiosos, el sacerdote Manuel Berenguer Clusella y el ofrecimiento heroico de la vida del hermano Pedro Manuel Salado en Ecuador.

Estanislao Ortega García y sus 48 compañeros pertenecían al Instituto de Hermanos de la Instrucción Cristiana de San Gabriel, conocidos familiarmente como gabrielistas. Junto al sacerdote Manuel Berenguer Clusella fueron asesinados entre julio y noviembre de 1936, “en odio a la fe”, como señala el decreto, en diversos lugares de Cataluña. Estos 50 mártires se suman a los 2.241 beatos y 11 santos que ha reconocido la Iglesia de aquella triste época de la Guerra Civil, si bien se tiene constancia de 6.832 víctimas clericales de aquella época.

El decreto relativo al misionero laico Pedro Manuel Salado Alba, de la Asociación “Hogar de Nazaret” reconoce el ofrecimiento de su vida para salvar la de siete niños en la Playa de Tonsupa, cerca de Atacames, en Esmeraldas, Ecuador, el 5 de febrero de 2012. Los niños iban a morir ahogados al ser arrastrados por una corriente de resaca. Su entrega tanto en el momento de su muerte, como durante toda su vida, motivaron la apertura, en octubre de 2018, del proceso de canonización en la Catedral de Córdoba. La fase diocesana de su causa se clausuró el 20 de marzo de 2021. El decreto promulgado ayer acerca la fecha de su beatificación.

Pedro Manuel había nacido en Chiclana de la Frontera, Cádiz, el 1 de enero de 1968. La comunidad a la que pertenecía, el Hogar de Nazaret, fue fundada por María del Prado Almagro en 1978, con la misión principal es ayudar a niños y jóvenes sin hogar y en situaciones complicadas. El hermano Pedro Manuel se consagró al Señor en el año 1990 y hasta 1998 vivió en el Hogar de Nazaret de Córdoba. Fue en este año cuando se le destinó a la misión que la obra tiene en Quinindé, Ecuador, y allí dedicó su vida a los niños desamparados dirigiendo un Hogar y la Escuela-Colegio Sagrada Familia de Nazaret.

En aquel año 2012, al conocer la noticia del suceso, el obispo de Esmeraldas, el misionero comboniano español Mons. Eugenio Arellano, afirmó que “el hermano Pedro murió como vivió entregado a Dios y a los niños”.

Jóvenes de toda España se reúnen para hablar de misión ‘24/7’:

 

 “Hay futuro para las misiones, hay cantera”

  • On 20 de abril de 2026

Más de 100 jóvenes con inquietud misionera de diferentes diócesis españolas se han encontrado este fin de semana en el Real Centro Universitario María Cristina de El Escorial para una nueva edición del Encuentro Misionero de Jóvenes, la número veintidós, organizada por la Conferencia Episcopal Española y Obras Misionales Pontificias. Ha sido un fin de semana de convivencia, testimonios y actividades dirigidas a que este centenar de jóvenes aprendan a vivir la misión las 24 horas del día y los 7 días de la semana. De ahí que el lema elegido en este 2026 haya sido ‘En misión 24/7’.

Asistentes al Encuentro Misionero de Jóvenes ante la ermita de la Virgen de Gracia, en El Escorial

Este encuentro ha contado con la presencia de 20 diócesis, entre las que se encontraban Bilbao, Mondoñedo-Ferrol, Pamplona y Tudela, Jaén o Madrid, así como más de una 30 de grupos y realidades misioneras, como Jatari, Bondhu, Matunda Familia, Combojoven o los misioneros Javerianos.

La Hna. Ximena Cabezas, misionera de Cristo Jesús, ha destacado en la conferencia inaugural del encuentro, cómo muchas veces los jóvenes no se atreven a dar el paso a la misión porque piensan que no están preparados, y que no son lo suficientemente santos, por lo que les ha invitado a “no esperar ser santos de vitrina para ponerse en camino”. En ese sentido, les ha animado a “atreverse a cruzar la calle, que es la primera acción misionera que podéis hacer”.

Tras este potente mensaje, los jóvenes han acudido en peregrinación a la ermita de la Virgen de Gracia, rezando el rosario misionero mientras recorrían el paseo que separa el Escorial de la pequeña ermita. Durante la homilía, el padre Rolando Ruiz, misionero javeriano, ha hablado de las dudas que los jóvenes suelen tener ante la vocación: “A veces tenemos miedo de lanzarnos, de decirle que sí al Señor. ¡No tengamos miedo de subir a la barca, confiemos!”.

Por la tarde, ha sido el turno de la película ‘Solo Javier’ -documental en torno a la figura de Javier Sartorius-, seguida de un coloquio entre el crítico de cine Juan Orellana, y el hermano del protagonista de la historia, Mauricio Sartorius. Tras varias preguntas y mensajes en el aire, una de ellas, formulada en el documental y repetida después por Mauricio, ha quedado en el aire: “Si te quedara solo una semana de vida, ¿qué es lo que harías?”.

Como conclusión del sábado, el músico católico Javier Portela ha dirigido una oración de alabanza con los más de 100 jóvenes cantando frente a Jesús en la Eucaristía. Antes de empezar, el propio Portela ha explicado a los asistentes la importancia de la oración y la alabanza para un joven misionero: “No podéis anunciar lo que no tenéis en el corazón”.

Acto seguido, el salón de actos se ha convertido en el escenario de un programa de Radio María en directo. El padre José María Calderón ha presentado el programa ‘Iglesia en Misión’ desde el encuentro, entrevistando a una gran cantidad de jóvenes misioneros, como Marta, una joven de Pamplona que aseguraba en directo que “la misión me ha removido por dentro”, y que en este fin de semana se ha empapado “del espíritu misionero que hay entre los jóvenes”. Por otro lado, Íñigo, joven de la diócesis de Bilbao, ha destacado cómo “el contraste es muy grande cuando te vas de misión. Te pasas más tiempo viendo y entendiendo que haciendo, e incluso los misioneros que llevan 10 años se siguen sorprendiendo cada día”. También en el programa, Carlos de Arteaga, responsable de jóvenes de OMP y de la App Supergesto, ha compartido que “ver a tantos jóvenes misioneros aquí reunidos da esperanza: Hay futuro para las misiones, hay cantera”.

La mañana del domingo, los jóvenes han podido ver cómo la vocación a la misión está presente en todas las vocaciones, gracias a los testimonios de Robertus Kardi, religioso, misionero javeriano de Indonesia; la laica misionera Belén Manrique y el sacerdote Ricardo Spuch, quien ha estado durante años de misión en Argentina. Spuch ha hablado del “estilo de vida del misionero”, que es un estilo marcado por el propio Jesucristo, y ha acabado animando a los jóvenes a continuar con su tarea misionera, asegurando que “ser misionero mola”.

Daniel Mateos, misionero en Angola:

 

“Esperamos que el Papa nos dé una palabra de paz y reconciliación”

  • On 17 de abril de 2026

El Papa León XIV llegará el próximo sábado a Angola, en la tercera etapa de su viaje por países 100% territorios de misión. Allí le esperan 40 misioneros españoles, que están trabajando en primera línea –como Daniel Mateo, uno de los maestros de ceremonias– o en la retaguardia –como Mª Ángeles Anadón, monja de clausura-, para que esta visita esté llena de frutos. El Papa llegará a una Iglesia que ha permanecido fiel a pesar de las dificultades, y se ha convertido en una Iglesia implantada gracias al apoyo de todos los católicos del mundo.

El sacerdote misionero Daniel Mateos, rodeado de niños en Angola

“Esperamos con gran entusiasmo la venida del Santo Padre a Angola”, explica Daniel Mateos, un sacerdote madrileño del Camino Neocatecumenal, formado y ordenado en Luanda desde 2008. Además de vivir con intensidad la preparación en las parroquias, y en el seminario Redemptoris Mater del que es vicerrector, este sacerdote ha sido elegido como uno de los maestros de ceremonias de las Eucaristías del domingo en Luanda y del lunes en Saurimo. “Para mí es una gran honra poder participar y ayudar de esta forma a las liturgias papales”, afirma desde allí. “Esperamos que el Papa nos dé una palabra de paz y reconciliación, en esta tierra en la que durante muchos años tuvo lugar una guerra civil”, concluye.

A cientos de kilómetros de allí, en Kuito hay otra misionera española, que también está apoyando la visita del Papa, pero desde la retaguardia. Se trata de María de los Ángeles Anadón, monja de clausura, que en 1972 salió junto con varias hermanas españolas del monasterio de Olmedo (Valladolid) para abrir esta forma de vida en Angola, donde han surgido muchas vocaciones nativas. Actualmente tiene 94 años, y envejece junto con 12 religiosas angoleñas, rodeada de cariño y agradecimiento.

Según nos explica Sor María de la Trinidad, una de las religiosas angoleña, desde el convento apoyan la visita rezando cada día por el Papa, la Conferencia Episcopal y los frutos de esta visita apostólica, la tercera de un Santo Padre. Por su estilo de vida, no van a desplazarse a las ciudades que acogerán a León XIV, pero sí se tomarán una licencia en su vida de recogimiento y oración: van a verlo por televisión. “Por nuestra vida de recogimiento y silencio no vemos la televisión a diario, solo en ocasiones extraordinarias”. Y sin duda, según afirma Sor María de la Trinidad, esta lo es. “Vamos a ver desde que el Papa aterrice en nuestro país hasta que se marche, porque es una cosa extraordinaria”.

Un crecimiento espectacular

La República de Angola, cuya capital es Luanda, tiene 33.086.000 habitantes, de los cuales 19.133.000 son católicos, es decir, el 57,8%% de la población. Existen 20 circunscripciones eclesiásticas, 503 parroquias y 1.452 centros pastorales de otro tipo. Actualmente hay 29 obispos, 1.433 sacerdotes, 2.392 religiosas, y 52.006 catequistas. Los seminaristas menores son 1.423 y los mayores 2.327.

En las 537 escuelas maternas, primarias y secundarias, estudian 426.352 alumnos. Por lo que respecta a los centros caritativos y sociales administrados por la Iglesia o dirigidos por eclesiásticos o religiosos, en Angola hay: 48 hospitales, 79 ambulatorios, 7 hogares para ancianos e inválidos, 48 orfanatos. En total hay 322 instituciones sociales gestionados por la Iglesia católica.

El crecimiento de la Iglesia es espectacular, y ha ido tomando un rostro propio. Hace 95 años en Angola la presencia de católicos era bastante más reducida que en la actualidad. Se contaban 322.589, con 73 sacerdotes, de los que 3 eran angoleños, y 48 hermanos religiosos (1 de ellos angoleño) y 48 religiosas (11 africanas). A lo largo de los años, y entre muchas dificultades por la pobreza, en parte debida a los decenios de guerra civil, y la persecución comunista que se dio entonces, la Iglesia ha permanecido con fidelidad. Además, haciendo realidad lo que León XIV ha dicho estos días en Bamenda (Camerún) – “basta un instante para destruir, pero a menudo una vida entera no basta para reconstruir”-, todavía el Domund financia la reconstrucción de Iglesias que fueron destruidas hace cincuenta o sesenta años.

Una Iglesia acompañada especialmente por el Papa

Como Angola es un país 100% territorio de misión, el Papa cuida de sus 20 diócesis con especial cuidado, y lo hace a través de Obras Misionales Pontificas, que canaliza los donativos de todos los católicos del mundo para poder sostener de una forma equitativa la presencia y el trabajo de la Iglesia en las misiones.

OMP ayuda cada año a cada una de las diócesis de Angola. En los últimos 5 años, por indicación de la Santa Sede, se ha enviado 6.440.000€. Más de tres millones, recogidos en las colectas del Domund en todo el mundo, sirvieron para afrontar los gastos del día de las diócesis y para la formación de los catequistas nativos. Además se construyeron y reconstruyeron nuevas Iglesias y conventos de diversas congregaciones, se compraron varios coches e incluso se apoyó la construcción de una sede diocesana de Cáritas.

Gracias al apoyo de Infancia Misionera, la Obra Misional Pontificia que se encarga de los más pequeños, se han financiado varios los programas diocesanos de alimentación, y algunos proyectos relacionados con el deporte (un torneo de fútbol o un centro deportivo polivalente). Pero sobre todo se ha apoyado la pastoral ordinaria infantil, en especial a los grupos de niños de Infancia Misionera de las parroquias.

Cada año, OMP también apoya los 28 seminarios diocesanos de Angola, gracias a lo recaudado por la Obra de San Pedro Apóstol, la Obra Pontificia que está detrás de la Jornada de Vocaciones Nativas que celebraremos en España el domingo 26 de abril. En los últimos cinco se ha destinado 2,9 millones de euros para cubrir los gastos de manutención de los seminaristas y necesidades extraordinarias.

35 sacerdotes para una diócesis como Andalucía entera

Sin este apoyo, muchos de ellos tendrían muy difícil permanecer abiertos, como es el caso de los de la diócesis de Luena. Con un tamaño similar a Andalucía, cuenta con tan solo 35 sacerdotes, que hacen lo que pueden para llevar el Evangelio a cada una de las aldeas, en una zona que fue destruida y minada en la guerra civil. Por eso, no es difícil entender lo que significan los 140 seminaristas que se están formando allí “Es un gran desafío la educación, a veces las familias colaboran con algo, pero para una formación digna, sabemos lo que se precisa”, explica su obispo, monseñor Martín Lasarte. Para ello reciben cada año el apoyo de OMP. “Recibimos una ayuda significativa, sin esa ayuda tendríamos que cerrar los seminarios”.

Mons. Diego Sarrió, obispo en Argelia:

 

“Para una Iglesia pequeña como la nuestra, la visita del Papa es un signo muy fuerte de comunión y cercanía”

  • On 10 de abril de 2026

El próximo lunes, el Santo Padre comienza un viaje apostólico por cuatro países africanos, todos ellos 100% territorio de misión. El lunes llegará a Argelia, que por primera vez recibirá la visita de un Pontífice. Allí le espera una Iglesia minoritaria y martirial, que testimonia el amor de Dios con la fidelidad y la entrega de la vida. Para conocer más en profundidad la realidad que espera al Papa, Obras Misionales Pontificias ha entrevistado a monseñor Diego Sarrió Cucarella, un padre blanco valenciano que es obispo de Laghouat -diócesis que cuenta con poco más de 2.000 católicos, y que abarca gran parte del Sáhara argelino- desde 2025.

Mons. Diego Sarrió, obispo en Argelia

¿Qué Iglesia se ha encontrado? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de los cristianos allí?

Me he encontrado con una Iglesia muy pequeña, pero profundamente viva. Una Iglesia que no se define por el número ni por la visibilidad, sino por la calidad de su presencia. Es, ante todo, una Iglesia de relaciones: de amistad, de servicio y de vida compartida en lo cotidiano.

Formada en gran parte por personas venidas de otros países —estudiantes, trabajadores, migrantes, religiosos—, es una especie de «Iglesia mosaico», muy diversa y en constante renovación. Y, en medio de su fragilidad y de ese dinamismo permanente, emerge una profunda fidelidad al Evangelio.

Lo que más me ha sorprendido es precisamente esto: una fe vivida con gran sencillez y libertad interior. Una Iglesia «desarmada y desarmante», como diría el Papa León XIV, que no busca ganar terreno, sino suscitar encuentro; que no se afirma por la fuerza, sino que propone desde la cercanía, la escucha y la amistad.

¿Qué espera la gente de la visita del Papa? ¿Cree que puede cambiar algo…?

La visita del Santo Padre se vive ante todo como una gracia. Para una Iglesia pequeña como la nuestra, es un signo muy fuerte de comunión y de cercanía: nos recuerda que no estamos solos, que formamos parte de un cuerpo más amplio.

Se espera sobre todo un fruto interior: que esta visita ayude a abrir los corazones a la confianza mutua, al encuentro y a la paz. Más que cambios visibles o estructurales, lo importante será lo que pueda suscitar en lo profundo de las personas.

El Papa viene como apóstol de la paz, con ese saludo tan significativo —“La paz sea con vosotros”— que aquí resuena de manera muy especial: el saludo del Resucitado coincide con el saludo cotidiano de los argelinos.

Para nuestra Iglesia, estoy seguro de que será también una confirmación de nuestra propia vocación: ser una presencia humilde, fraterna y fiel en medio de una sociedad mayoritariamente musulmana.

La Iglesia en Argelia es una Iglesia mártir… ¿cómo ha influido esta realidad…?

La memoria de los beatos mártires de Argelia está muy presente, pero se vive de una manera profundamente evangélica: no como un recuerdo doloroso o identitario, sino como una llamada a la fidelidad y a la entrega.

Estos hombres y mujeres no murieron por haberse posicionado “contra” nadie, sino que murieron “al lado” de otros, por haber permanecido en medio de un pueblo al que estaban profundamente unidos. Eligieron quedarse en un momento muy delicado de la historia reciente del país, compartiendo la vida y amando hasta el final. Su testimonio muestra que optar por la fraternidad es una forma radicalmente evangélica de vivir.

En muchos de nuestros hermanos y hermanas musulmanes percibo un respeto sincero hacia la Iglesia, en gran parte gracias a ese testimonio de fidelidad. Han reconocido en esos hombres y mujeres personas de paz, de cercanía y de amistad.

¿Cómo evangelizar en un contexto musulmán? ¿Cómo no perder la esperanza…?

En este contexto, evangelizar significa ante todo vivir el Evangelio. Es lo que solemos llamar el «diálogo de la vida»: compartir la existencia cotidiana, crear vínculos, escuchar, servir. Carlos de Foucauld hablaba de la «pastoral de la bondad».

El diálogo interreligioso es una forma concreta de testimoniar el amor de Dios en el respeto del otro, reconociendo que Dios actúa en cada persona, más allá de las fronteras que a veces tendemos a imponerle. Esto implica aceptar los ritmos de Dios. Aquí aprendemos que la misión no se mide por lo que se puede contar, sino por la fidelidad: la de Dios a su plan de salvación y la nuestra a esta vocación particular, que es la de ser Iglesia en medio de un pueblo mayoritariamente musulmán.

Y, al mismo tiempo, descubrimos algo muy importante: que la misión no es un camino en una sola dirección. En el encuentro con el otro, también nosotros somos evangelizados. Nuestra fe se purifica, se ensancha y se hace más humilde.

La esperanza, entonces, no es optimismo ingenuo, sino una confianza profunda: saber que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual (Gaudium et Spes, 22). Los católicos abordamos este diálogo con la convicción de haber descubierto, en Jesucristo, el rostro auténtico de Dios. Mientras esperamos que otros puedan también hacer este descubrimiento, buscamos discernir lo que Dios ya está realizando en la vida de cada uno. En el fondo, evangelizar es reconocer su acción y ponernos a su servicio.

Mons. Diego Sarrió durante un Via Crucis en Argelia

¿Cómo le influye la vida de San Agustín en su ministerio?

San Agustín de Hipona es una figura muy importante en nuestro contexto, no solo por sus raíces en esta tierra, sino también por la actualidad de su experiencia espiritual. En particular, su vínculo con Hipona —la actual Annaba, que el Papa León XIV visitará el próximo 14 de abril— hace que su presencia esté especialmente viva en este momento. Puede convertirse así en un verdadero puente entre culturas, religiones y personas.

En un contexto como el de nuestra diócesis, que abarca el vasto territorio del Sahara argelino —donde todo remite a lo esencial—, su llamada a volver al corazón resuena con fuerza.

Como cristiano que vive en medio de otros creyentes, me inspira también su búsqueda de la verdad, su camino interior y su experiencia de la misericordia. Nos recuerda que la fe es un camino, una búsqueda habitada por Dios.

Finalmente, como obispo, me inspira su visión de la Iglesia como comunión y su humildad de pastor: alguien que camina con su pueblo, sabiendo que él mismo es discípulo.

Carlos Bobillo, joven que ha pasado tres meses en la selva de Venezuela:

 

 “Allí la distancia se mide en días de río”

  • On 13 de marzo de 2026

Carlos Bobillo es uno de los fundadores de la asociación Komera. Recientemente, ha estado colaborando con el misionero Xavier Serra en Venezuela, más concretamente en la región de Canaima. Nos cuenta que allí solo tienen seis sacerdotes para una extensión similar a Portugal pero, a falta de carreteras, las distancias se miden “en días de río”, por lo que algunas zonas reciben la visita del sacerdote solo una vez al año.

Antonio Manuel Hernández Belmonte, sacerdote de la OCSHA en Perú desde hace un año:

 

 “He celebrado en este tiempo más bautismos que en mis últimos 15 años en Almería”

  • On 27 de febrero de 2026

Este domingo la Iglesia en España celebra el Día de Hispanoamérica, con el lema “Caminamos juntos, compartimos alegría”. En esta Jornada se recuerda especialmente a los 130 misioneros españoles de la OCSHA (Obra de Cooperación Hispanoamericana) que están llevando esperanza a las diócesis americanas en las que faltan sacerdotes. Misioneros como Antonio Manuel Hernández Belmonte, en Piura (Perú), que hace un acompañamiento a jóvenes marcados por el abandono familiar, y atiende junto a otro sacerdote una población de 100.000 personas.

Tras 24 años de sacerdocio en Almería, Antonio Manuel Hernández Belmonte decidió ser misionero en Piura (Perú). De padres gasolineros, con una vida religiosa y caritativa muy arraigada, desde niño sentía una fuerte atracción por la vocación misionera. Su oportunidad llegó el año pasado, y aterrizó en Piura, en la costa peruana, una población muy joven: un tercio de la población tiene menos de 25 años. Allí está junto a otro sacerdote palentino atendiendo una parroquia inmensa de 100.000 habitantes, con 17 capillas, y acompañando especialmente a los jóvenes.

“Ser joven en Piura no es sencillo”, explica Hernández Belmonte. Las dificultades económicas empujan a estos chavales a trabajar desde muy pronto, estar en deuda con toda su familia para poder estudiar… Además, la realidad del abandono del padre es muy común en las familias, lo que atormenta a los chicos, que no paran de plantearse “por qué me ha dejado, por qué no nos ayuda, por qué no nos quiere”. En cuanto a las niñas, hay una realidad silenciada de abusos dentro del hogar, que ellas llevan con gran culpabilidad, y gracias al sacerdote están descubriendo una nueva forma de afrontarlo todo. En ese sentido, “la parroquia se convierte en un referente para los jóvenes”.

Antonio Manuel es, ante todo, sacerdote diocesano. En sus 24 años de entrega sacerdotal en Almería ha trabajado en parroquias en el interior, con inmigrantes en la zona de invernaderos… “Pero la misión nos invita a tener una perspectiva más católica, yo hago presente a Almería en Perú todos los días, la Iglesia diocesana se hace más presente allí”, explica este misionero que cumple sus bodas de plata sacerdotales a pleno ‘rendimiento’ en Perú. “He celebrado en este tiempo más bautismos que en mis últimos 15 años en Almería, más unciones y confirmaciones que en toda mi vida de sacerdote”, explica.

Una experiencia que curte: el caso de Adamuz

Cuando los sacerdotes misioneros de la OCSHA regresan a sus diócesis de origen, lo hacen con una experiencia que enriquece su sacerdocio para siempre. Es el caso del Padre Rafael Prados Godoy, el párroco de Adamuz, que acompañó desde el primer momento a todas las víctimas del accidente del pasado 18 de enero. Él estuvo cuatro años en Perú, en Moyobamba, a través de la OCSHA. “En Perú no viví nada parecido, pero si unas pocas desgracias, y eso me dio velocidad de reacción. La experiencia que podría haber conseguido aquí en diez o quince años, la conseguí allí en cuatro”, explicaba a Obras Misionales Pontificias, en el programa de Radio María “Misión posible” hace unas semanas.

Entre otras muchas, vivió el COVID-19, que en sus propias palabras, “en la selva de Perú fue mucho peor que aquí”. El párroco de Adamuz recuerda cómo “en los hospitales no había máquinas de oxígeno, sino que todo iba por bombonas, por lo que cuando a un familiar se le iba a acabar, llegaba un médico y le decía ‘le queda una hora de oxígeno… ¡Busca!’”. Por eso, el padre cree que su experiencia en la misión “me ha ayudado a no quedarme mirando a la pared o pensando en los laureles”.

130 sacerdotes españoles en Hispanoamérica

El Día de Hispanoamérica, organizado por la Comisión de Misiones y Cooperación con las Iglesias de la Conferencia Episcopal Española, busca poner en valor la presencia de la Iglesia en América y su labor en el desarrollo de los pueblos americanos. Y en este día se pide la colaboración económica para apoyar a los sacerdotes de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana).

En la actualidad hay 130 sacerdotes de la OCSHA repartidos por 17 países de América, incluido Estados Unidos. El país con más de estos  misioneros es Perú, con 45. Y la diócesis con más sacerdotes misioneros de esta institución es Toledo, que tiene 27. Estos sacerdotes tienen encargos pastorales de toda índole: parroquias, colegios, seminarios, hospitales…, también hay obispos, que marcharon como sacerdotes a alguno de esos países y la Iglesia les pidió asumir la responsabilidad pastoral de algún vicariato o diócesis.

Fue el 4 de junio de 1949 cuando la Junta de los Metropolitanos de España, antecedente de la Conferencia Episcopal, creaba la OCSHA. Tenía como propósito paliar la escasez de sacerdotes que sufrían una gran parte de las diócesis de América Latina. Los sacerdotes de la OCSHA mantendrían su vinculación a su diócesis de origen, la Iglesia que los había enviado, mientras desarrollaban su labor misionera en la Iglesia de acogida. Como sacerdotes Fidei Donum -según la expresión consagrada por Pío XII en la encíclica Fidei Donum de 1957-, hacían que la iniciativa misional partiese también de las diócesis y no en exclusiva de las órdenes y congregaciones religiosas, haciendo de la tarea misional un esfuerzo universal de la Iglesia.

Puedes ver los materiales preparados por la Conferencia Episcopal Española para este día aquí.