SACERDOTE
MISIONERO DIOCESANO.-
D. Felipe hace unos tres meses que
volvió definitivamente de Chile, donde estuvo como Misionero 60 años. Por eso
motivo y por la proximidad de la celebración del DOMUND le hemos pedido y él ha
tenido la deferencia de concedernos esta entrevista para nuestra revista el ECO
MISIONERO:
Nací en Cereceda y fui
criado en Trillo. Mi padre se llamaba Pablo Gutíerrez y mi madre María Esquiró.
Mi padre era agricultor y mi madre era modista, oficio que compaginaba con sus
labores en el hogar. Fui el menor de siete hermanos.
Su
vocación:
Desde niño tuve clara
mi vocación misionera. Por eso marché con pocos años a los Pasionistas de
Zaragoza, donde hice los tres primeros cursos. Posteriormente vine al Seminario
Conciliar de Sigüenza, donde completé
todos los estudios eclesiásticos, hasta mi ordenación sacerdotal, el 20 de
Junio de 1954.
Primeros
pasos en la vida sacerdotal:
Los tres primeros años
de mi sacerdocio los pasé al servicio de la diócesis: como párroco de Val de
San García, coadjutor en la parroquia de Cifuentes y capellán de religiosas de
clausura y administrador de la parroquia de Milmarcos
Su
“aventura” misionera:
En Honduras estuve un
año, donde misioné en la selva de Santa Rosa de Copán; fui también fui
cooperador en la formación del preseminario diocesano y cooperador de la parroquia franciscana de
Tegucigalpa. Posteriormente Marché a Chile.
(Su ministerio en Chile
lo desarrolló especialmente en la diócesis de Valparaíso. Quillota, V Región. D. Felipe abarcó un área tan extensa en la
acción misionera durante 60 años que nos es imposible el hacer mención de ella,
pues no tendríamos espacio para hacer mención de todas : ejerció de coadjutor,
de párroco, de capellán de hospital y militar, de capellán en la isla de Pascua
y de la base de Chile en el Antártico, etc. etc.).
Sigue D. Felipe:
“Realmente ser y sentirse misionero en tan variadas áreas, es algo que nadie
puede imaginarse, mientras no tenga la dicha de vivirlo por hacer la voluntad
del Padre Dios – en Cristo Salvador – con la fuerza del Espíritu Santo.
Despedida
en Chile:
Al despedirse de Chile
para volver a España se le hizo un gran homenaje en la Iglesia diocesana de
Valparaíso, del decanato de Quillota. Una despedida que fue multitudinaria y a
la que asistieron autoridades civiles, militares y religiosas, junto al pueblo
fiel.
A una pregunta que le hizo la comunidad: ¿Por
qué se va, si todos lo queremos tanto? El contesto: “Porque vine hace 60 años,
cumpliendo la voluntad de Dios. Creo que procuré hacerla durante tantos años.
Ahora me voy con el corazón partido; pero satisfecho como un Valiente soldado
por su misión cumplida. Así, no dejando mi pasado sumido en el olvido, miro
sólo mi futuro en dirección hacia la Casa del Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo, donde esperaré a todos, a todos ustedes…para estrecharnos en un solo abrazo de amor eterno, cobijados
bajo el manto virginal de nuestra Madre bendita. Me voy porque estoy seguro de
que esta es la voluntad de Dios. Os amo, os amo, os amo”.
(Seguimos con la
entrevista, tras este inciso).
¿Nos
cuentas algo sobre las tierras chilenas?
Con espíritu misionero
recorrí Chile de Norte a sur y de Cordillera al mar. He podido por ello conocer
y valorar la grandeza de corazón del pueblo chileno: noble, amante de sus
tradiciones, religioso, muy acogedor…
¿Y
las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada cómo se encuentran en Chile?
En años pasados el tema
de las vocaciones sacerdotales era muy floreciente. Después, en la época de
cristianos por el socialismo que pasó el país, además de la secularización de
tantos sacerdotes, disminuyeron considerablemente las vocaciones. Actualmente
hay un despunte de vocaciones nuevamente.
Lo mismo podemos decir
de las vocaciones a la vida consagrada o religiosa.
Este
año el lema de la Jornada del Domund es: “SE VALIENTE, LAMISIÓN TE ESPERA”.
¿Qué nos puedes decir sobre él?
Toda vocación al sacerdocio, a la vida consagrada o a la
misión exige la valentía que pide Cristo:” Si alguno viene a mí y no es capaz
de dejar a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus
hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Luc. 14,26).
En la vida misionera,
en la medida en que el sacerdote se encarna con la idiosincrasia, costumbres,
historia…del país donde ha sido enviado, normalmente no encuentra grandes
problemas ni con el pueblo ni con la autoridad. Eso sí, marginando su vida del
mundo de la política.
Díganos
unas palabras para animar a que los jóvenes se entreguen a la vocación
sacerdotal y misionera:
Les repetiré las
palabras del lema de la Jornada del Domund de este año 2017: “SED VALIENTES, LA
MISIÓN OS ESPERA”.
¿Quieres
añadir algo más?
Que en la Iglesia hay
tarea para todos, “pues la mies es mucha y los obreros pocos” (Luc 10,2).
Muchas
gracias D. Felipe por sus palabras. Que Dios premie su larga vida de trabajo
misionero en su Viña. Que su ejemplo de entrega al Señor sirva para
todos los diocesanos de estímulo y
ejemplo.























































